Y cuando duermo no descanso

Primer sueño
Del hospital nos llaman a Milanesa y a mí para decirnos que nos tienen que hacer un estudio. Llegamos a las 7PM y nos tienen en una sala de espera, con sofás y una tele enorme. Como a las 11PM nos dicen que no hay camas, que tendremos que dormir en el piso en la sala de espera. Nos enojamos, claro, le digo a la enfermera que nos tienen que dar un lugar decente para dormir, que ellos nos hicieron ir a esas horas y es su responsabilidad y tal. Me dice que hable con su supervisora. Y así, voy por el área de pediatría del hospital buscando con quién quejarme para que me resuelvan y preguntándome qué demonios hago yo de paciente en pediatría. Aún así, insisto, me tienen que dar una cama.

Se abren y se cierran puertas alrededor de mí: entro a una oficina y cuando quiero volver por la puerta la sala cambió y ahora es la incubadora, me regreso por la misma puerta y es cuidados intensivos, otra vez a la puerta y salgo a diferentes salas y diferentes pasillos. En el hospital tienen dos perros de visita: un pastor alemán y un boxer, pienso que para mi suerte el boxer me va a ladrar cuando pase junto a e´l y el cuarto que nos den será donde este el otro perro. Sigo tratando de volver por la puerta que entré y cada vez el lugar es diferente. Encuentro a una enfermera que conozco que además es administradora y le vuelvo a explicar todo. No me hace caso. Decido que más vale tratar de dormir un poco.

En la sala de espera hay tres camas ahora. En una hay una familia y mi kermit en la orilla. Me arruncho con mi kermit pensando que al menos así puedo abrazarla un ratito y disfrutar la noche, pero cuando me empiezo a quedar dormida me doy cuenta de que no es ella, es un hombre chino muy flaco y un poco deforme todo dormido y un poco sudado. Salto de la cama y lo veo con un poco de asco y un mucho de sorpresa.

Segundo sueño, misma noche
Estoy en mi cuarto cambiándome de ropa y mi mamá en la cocina haciendo sopa para cenar. Escucho que en la TV está una escena de Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona y corro a la sala a verla. Entonces me acuerdo que mi papá regresaba ese mismo día de viaje y decido ir a su casa, que está a la vuelta de la esquina, a ver si ya llegó, para saludarlo. Me paro abajo de su edificio y veo todo apagado, asumo que no está. Trato de regresar a mi casa dándole la vuelta a la manzana pero salgo a otra calle, y a otra y a otra, y cada vez las calles se ponen más feas y acabo en rumbos obscuros y sucios y solitarios del DF. Y no entiendo dónde me perdí ni dónde tenía que haber dado vuelta.

Buscando la pesera correcta entro a un lugar por un puente peatonal, con puestos a los lados, muchísima gente, el techo cubierto con lonas blancas y es obvio que no pertenezco ahí y que estoy perdida. Parece como los “camerinos” de la Arena México o algo así, hay posters de luchadores y ese ambiente. Veo a un chico y se me hace conocido y trae un iPhone, así que le grito y le pido que me ayude. Le pido su teléfono y él me ignora pero yo corro tras él. Me hace cara de que me conoce y dice que me va a ayudar pero no quiere que nadie sepa que me conoce. Yo pienso que es un abuso pedirle que me acompañe de regreso a mi casa pero también sé que necesito mucho que lo haga. Finalmente se pierde entre la multitud, no me ayuda nada, me deja.

Salgo del lugar asustada y también preocupada porque mi mamá me estaba esperando con la cena. Me meto a un edificio viejo pintado de blanco, como una bodega, adentro hay departamentos y entro a uno. Tiene ventanas grandes y como ya amaneció la luz entra blanca y tranquila por la ventana. Una chica en la cocina prepara una sopa, yo entro y no nos decimos nada, pero el lugar se parece al depa de la Loz (piso de madera clarita, decorado con tema de manzanas) y yo sé que se acaba de mudar, que es su primer depa y la primera vez que vive sola. Encima de los adornos y de unas jarras hay una capa sólida de parafina. La levanto un poco y es hermosa, blanca y frágil y al mismo tiempo mucho más efectiva que el papel o la tela. Yo pienso que es una forma brillante de proteger las cosas del polvo y que debemos usarla en casa. Encuentro un teléfono y empiezo a marcar, pero no funciona. La chica aparece y me trae otro teléfono, blanco, con dibujitos. Me explica que para marcar hay que apretar un botón con un corazoncito y otro con un cohete espacial. Pienso en pedirle a la chica que me acompañe a mi casa.

Llamo a mi mamá y lo primero que le digo es que estoy bien, y me pongo a llorar diciendo estoy bien estoy bien, le explico que me perdí, que estoy en casa de una chica y que le voy a pedir que me acompañe (aunque sea un abuso). Mi mamá me dice que está todo bien, no está preocupada, nunca se preocupó. Me dice que nos vemos en la casa.

Nosotros los traumados

Cuando la vida de uno o de una ha sido lacerada sangrientamente por la tragedia, los traumas se quedan por siempre. Enfrentar grandes pérdidas deja una huella imborrable. Las pérdidas pueden ser tan públicas como la muerte de una madre, o tan privadas y a discreción como la muerte de uno mismo o de una gran ilusión. No importa el escándalo, sino la vivencia. Claro que años de terapia pueden devolvernos a la funcionalidad el optimismo la felicidad más deliciosa el agradecimiento con la vida por todo lo que se mueve y lo que no… pero siempre se queda una huella.

Mi huella, que comparto con muchos de mis amigos y gente querida, es que cuando más feliz soy, una parte de mí teme que venga de nuevo la tragedia y acabe con todo el amor. En mi mente construyo, sin querer (daaah) escenas de mi papá o mi hermana muertos, de mi familia, de mis amigos. Es mi mayor miedo… sí, más que los perros. Cada vez que un sueño de esos me ataca en la noche recuerdo a mi mamá diciéndome que los sueños no necesariamente son premoniciones, sino que simplemente regflejan nuestros miedos más profundos (entre otras cosas), y eso me tranquiliza. Me ha tomado años domesticarme el cerebro y cada vez que tengo un nuevo amor hay que empezar desde el principio otra vez. Han sido años de práctica los que he necesitado para aplacarme cada vez que pienso que algo le puede pasar a la Milanesa, pro ejemplo. Ahora cuando mi mente actúa de acuerdo con sus traumas rápidamente sale mi otro yo a decirme que nel, que es sólo una reacción postraumática y que todo estará bien porque las probabilidades, la vida, las estrellas y el sereno, y entonces dedico menos y menos tiempo a esos pensamientos infinitamente dolorosos y más a disfrutar lo que sí tengo y a sentirme como si fuera una persona normal que tiene derecho a la gran felicidad y a vivir feliz y con amor.

Larga introducción explica por qué cuando le encontré a Marcelo una bola en la clavícula me eché a llorar con una mezcla de pánico y dolor absoluto, y otra parte de mí intentaba domesticar mis locos pensamientos, pero no era tan efectiva. Llevamos a bebé al doctor, un doctor, luego su doctora de cabecera, luego segunda opinión (pedida por su pediatra) y todos coincidieron que la tal bola es su hueso reparándose. Resulta que al nacer, no sólo su cabeza era enorme sino que sus hombritos también estaban atorados (oh sí, tengo un bebedonte) en mi pelvis y creen que se fracturó o fisuró su clavícula del lado izquierdo y la bola es un callo que desaparecerá con el tiempo. No están cocupados los médicos porque Chapu no da señales de dolor y sus movimientos son simétricos (y hermosos, claro). Pero mientras llegaban a esa conclusión yo respondí como traumada que soy. Ni modo.

Luego mi papito (quien por obra y gracia de todos los dioses tuvo vacaciones y se lanzó a conocer al nieto con todo y abuela Gungui y me hicieron asquerosamente feliz) me preguntó cómo cambiaba la perspectiva ahora que tengo crío, cómo se vé la vida, me dijo. Y yo dije oh qué linda, porque sí que es hermosa, pero sólo lo dije así para no ponerme a llorar como la loca otra vez, la verdad es que quería decirle que es horrible, que acabo de empezar mi lucha para domesticar el miedo de perder a mi bebito, que es horrible amar tanto a los vivos estúpidos vivos que parecen tan frágiles a los ojos de nosotros los traumados.

Imagen

Estoy sentada en las gradas de un estadio. No hay nadie más. Sobre la pista de grava roja, una carrera de conejitos blancos en reversa. Cien, o mil conejos, no sé, muchos conejitos. Al principio van tan rápido que sólo veo ráfagas de conejo, pero luego van más lento, más lento, muy lentamente, casi se detienen. En cierto momento, un conejo se detiene frente a mí y mi mira.

Mi hijo me recuerda al conejo de la luna.

Tic tac tic tac tic tac

Gracias muchas con amor por los lindos comentarios al post anterior.

Ayer fue el primer día libre de la Milanesa, felices vacaciones, y en verdad que tener marido en casa hizo una gran diferencia. Limpió casa, lavó trastes, sacó basura, y yo me relajé cantidad. Una parte de mí respira feliz de saber que cuando yo esté en la otra dimensión (en la de madre tratando de agarrarle la onda al crío) mi casa no se caerá en pedazos. En verdad, respiré. Caminamos y caminamos por el mundo, fuimos a que se cortara el pelo, al mercadito de frutas (y comí una piña deliciosa como hace MUCHO no comía ohhh felicidad), hicimos picnic en el parque, pasamos a un café a aplastarnos, fuimos al museo y regresamos todo caminando, a ver si ayudamos a convencer al pequeño crío. Con toda la actividad se me olvidó que tenía cita con la doctora, lo cual interpreto como una maravillosa señal (o sea, me siento un poco menos obsesiva). También sufrí menos mucho menos de dolores por todas partes. Así sí es más factible disfrutar los últimos momentos, sin dolor en el cuerpo y con compañía Milanesezca y con paseos y piñas dulces del mercado.

En otro tema, creo que estoy más preparada para enfrentar todo el caos post-emabrazo. O sea, lo mío no es sólo controlfreakés, sino que este tiempo de espera es físicamente doloroso. Ya me espero que los primeros tres meses no dormiré ni una hora de corrido y todo lo que veré en mis sueños y en mis vigilias serán las vicisitudes propias de tener en casa un desconocido 200% dependiente de mí para todo día y noche sin parar sin conocernos sin hablar el mismo idioma. Eso es lo que espero. para los meses 4 a infinito… tal cual como dice la exrumy, entre la emoción y la flojera de preseguir a chapulín por el mundo. Gran shinga, gran emoción. No sé, creo que estoy más lista para eso, es más, estoy lista para no estar lista… de los pre-teen years, mi esperanza es que la ciencia haya descubierto un medicamento muy eficiente para prevenir infartos. Veremos.

Milanesa se puso a leer como desesperado el libro del parto y ahora está en su fase anti-hospitalaria, preguntándome todo el tiempo si de verdad quiero parir en un hospital en lugar de en casa. Yo trato de explicarle que para mí el hospital es como una casa, pero con más personal a mi servicio, por no hablar de los electrodomésticos ultra poderosos. Sí, soy un freak. Marido lindo de la nada voltea y me dice “ya lo quiero conoceeeeeer” y entonces yo lloro de emoción.

Anoche me levanté 4 veces para ir al baño, pero no por eso se interrumpió mi sueño: estoy en el trabajo en la recepción del hospital, y vienen a recogerme en una silla de ruedas para llevarme a la sala de parto. Lo único es que el hospital en que trabajo es diferente del hospi en que nacerá el chapu, así que me llevan a la ambulancia. En la ambu, pasamos por una iglesia enorme vacía de cosas de iglesia, donde la mamá de la Negra está dando clases de gimnasia a adolescentes diabéticas godditas. Los de la ambulancia me dejan ahí, el que lleva la silla se va. Junto a mí, unas niñas de mi secundaria platican en bolita. Yo les pido que me presten un celular y recuerdo todos los teléfonos de hospitales: donde trabajo, donde voy a parir, y pido que me comuniquen a Transporte porque los mensos de la ambulancia ya se fueron y les digo que yo me puedo ir sola al hospital pero que si no vienen por mí les voy a dejar ahí tirada su méndiga silla de ruedas porque ni la necesito, y que si no saben cómo llegar al edificio donde está la sala de partos que yo les digo, pero que no puede ser que me dejen ahí con la estúspida bata del hospital.

Hoy otro día de espera. Por suerte con marido y con cosas qué hacer.

Antes y después

El tema evolutivo sigue dándome comezón. Cuando hice mis pruebas vocacionales en la prepa mis opciones resultaban siempre: biología, comunicación, pedagogía. Y así toda mi vida profesional ha sido tratar de integrarlas porque es en realidad lo que más feliz me hace. Se solicita a los biologicistas que compartan referencias. Mi plan es que mientras me veo convertida en vaca lechera de mi crío estaré haciéndole cariños y conviviendo con él, pero también imagino que nos vamos a aburrir (los dos, jajaja) y entonces leeré y leeré el Origen de las especies y leeré todo el chisme darwiniano-mendeliano.

Pero mientras eso sucede: hoy acabamos la semana 36. Hoy tomamos Milanesa y yo el avión para ir a casa de mis suegros en cuya ciudad tomaré mañana mi examen de certificación profesional. Esperamos con todo el corazón que el jijito se espere a que regresemos para nacer. Milanesa sueña que el parto ha empezado, yo sueño que la casa está sucia y la quiero limpiar una y otra vez.

El embarazo apesta. Más ahora que quiero hacer tantas cosas, como armar los muebles para el bebé, ohhh mis rompecabezas gigantes, amo armar muebles y no puedo porque entre la contracción y la espalda al tercer tornillo ya me entumí. Me duele la panza por las contracciones con nombre de hombre, la espalda alta, las rodillas, los piesitos, las manos se me hinchan y la cadera siento que se me está rompiendo. Entonces me acuesto un rato y leugo me siento bien y quiero levantarme y hacer cosas pero en el camino ya me agoté otra vez. Tal vez es deconexión de mi interior, propia de la vida moderna, y en este tiempo en realidad tendría que estar sólo echada leyendo a Darwin y no viajando a 1000km para definir mi futuro profesional. O bien, construyendo un nidito para mi criatura con heno y flores, y no con muebles de particle board que no puedo levantar yo sola, ni haciendo viajes a la lavandería para tenerle su ropa sábanas y trapitos limpios.

En este escenario, las otras mujeres del clan estarían trayéndome comida y pasando horas en mi tienda o en mi cueva platicando y dándome bendiciones para el parto y la maternidad y probablemente sobándome las patitas y la espalda y la cadera y haciendo hechizos para facilitar el paso del hijo. Habría fiesta espontánea todos los días. Pero no. Las mujeres de mi clan están a muchísimos kilómetros de distancia, ocupadas con sus carreras sus familias y sus historias, y antes de visitarme en mi tienda tendrán que pedir vacaciones hacer reservaciones gastar en boletos de avión y cambiar toda su vida por el tiempo que dure la visita. Y yo: acabar de organizar la tienda para hacer espacio, ajsutar mi horario y actividades y también cambiar mi vida sigloveintinuera. Asís ería incluso si viviéramos en la misma ciudad, me temo. Aprecio mucho muchísimo no saben cuánto la compañía virtual y las pláticas virtuales y los correos de amor y las llamadas, me mantienen con vida, pero las cambiaría gustosa por reuniones de carne y hueso con abrazos y apapachos y olores y gestos. A veces extraño la época de las cavernas, o más bien algunos aspectos de ella.

Desconectada o no de mis necesidades y tiempos biológicos por la vida sigloveintiunera, el embarazo apesta. Entre las manifestaciones físicas y las crisis existenciales que éstas me provocan, me urge que se acabe. No me importa si la tía Chuchi tuvo 12 hijos, o si la mujer en Powdonk va por el hijo 18… yo voy por uno y es suficientemente difícil. Pero a la gente no le gusta que le rompan la burbuja de la dulce espera, se retuerce como almeja en sal, se hace orejas de pescado, y en general no lo soporta y sale corriendo para el otro lado. Parte del proceso de hacerme madre, supongo: poco a poco, por la forma en que llevo mi embarazo y él me lleva a mí, voy tejiendo unos lazos destejiendo otros y haciendo un nuevo clan.

Lo dicho, no concibo 8,000,000,000 de años, si para mí ocho meses me han convertido en otra persona a la que todavía no conozco muy bien… y eso que estamos empezando.

De cómo se hacen los sueños

Mata a una reina y de pronto todas las reinas son mortales… o algo así dice Elizabeth en la peli de The golden age. Un día antes hablamos con unos amigos queridos que tienen bebé y nos contarons que estuvieron separados un tiempo y a punto de divorciarse porque la vida se les desequilibró y no sabían como acomodarla de nuevo. Materia prima, oooooro puro para los sueños, mi cerebro pasó la frase por sus engranes embudos matraces resortes alteradores de partículas la combinó con las historias que nos contaron en el día y la transformó en este sueño:

La Milanesa está metiéndose a una maleta de lona. Le pregunto qué hace y me dice que está probando una tienda de campaña. Ante mi solicitud de probarla con él, me explica que no es una tienda cualquiera y que la prueba no es cualqueira. Entro a la maleta y cerramos los dos cierres y mientras él me explica algo que no entiendo, un león desde afuera se nos echa encima y nosotros le empujamos las patas y sin traspasar la lona le pegamos y luchamos. Yo pienso si la prueba consistirá en que el león no nos mate y si sobrevivimos la noche entonces la tienda está buena. Vaya estudio de mercado, pienso.

Luego desperté y lo pensé. Puesto en palabras, sería algo como divorcia a una pareja de amigos con bebé y de pronto todas las parejas (incluso la mía) son divorciables. Así que en lo que nos acabamos de meter a la maleta, esperemos que mi destiladora de sueños me siga mostrando el camino para que la mortalidad de las reinas no nos paralice. Vaya estudio de mercado, sigo pensando.

Uy y por cierto, si les gusta el cine no tan comercial y el tema de los sueños, hay que ver The science of sleep, el título original es La science des reves (no sé dónde está mi acento circunflexo) de Michel Gondry (Sí, el mismo de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos).

Buen sueño

En mi sueño de anoche, por fin logro amamantar al gatito. Felicidad total. Doble felicidad porque mientras amamanto al gatito, veo mi panza redonda con mi bebé humanito adentro. Luego vamos en una camioneta de alguien, el que maneja está borracho y un poli honesto nos rescata y nos lleva a los tres pasajeros en unos triciclos gordos de plástico, el mío con extra-acojinamiento. Cuando llegamos sanos y salvos a nuestro destino gracias al poli, pienso que tal vez debería convencerlo de cambiar de carrera y así ahorrarle a la comunidad un policía. Luego pienso que no porque si todos los polis fueran honestos y buena onda como éste, la policía no sería la vergüenza y tragedia que es. Después de eso hay unos mafiosos en un patio central de una casa, y yo estoy en un cuarto acompañando a una familia y protegiéndola, mamá hijito chiquito e hijito mediano, el hijito mediano está enfermo pero yo lo curo hablándole. En el sueño creo que puedo ser una gran sanadora y una bruja anciana sale del baño del cuarto y dice que soy floja, y yo le digo que claro que no, que ella está loca y que no me ha visto bien porque soy una gran sanadora y seré mejor todavía. El hermanito pinta un dibujo de arcoiris para hermano enfermo que ahora se siente muy bien.

Anidamiento y bla bla

Nesting, le dicen en inglés. O sea, el impulso de hacer cosas de casa todo el día, neurosis común entre las empanizadas, según dicen. ¿O será la época de pre-mudanza? Pero de pronto me parece que el hogar es un desmadre y que quiero arreglar todos los cajones gabinetes los clósets, lavar y lavar la cocina el baño la ropa, aspirar y aspirar. Inconvenientes: tengo mucho trabajo con mi proyecto final del internado, poco tiempo y muy poca energía. Pero algo he hecho y oh sí que duele tirar unas cosas. Snif. De no ser por los recados folosóficos anti-acumulatorios que me dejaron en el post de Viajar ligera, no lo estaría logrando. Tiré mapas y souvenirs que tenía desde mi viaje por las Europas (hace 7 años, madre mía), papelitos, papelotes de archivo, fotos repetidas (ésas duelen pior), dibujos, cuadernos, apuntes… BUAAAAAAA. Cada día sin cajas para empacar siento que me vuelvo un poc más loca.

Duermo mejor, pero me acosan mis sueños recurrentes de toda la vida: que no he entregado la tarea de matemáticas, que llevo todo el semestre sin ir a tal clase y me acabo de dar cuenta, que me van a reprobar en orientación educativa, así, sueños de ñoña combinados con sueños de empanizada, por ejemplo, que por tratar de ponerme al corriente en clase de matemáticas no he cuidado a mi bebé en todo un mes y ahora el bebé no me quiere y llora cada vez que lo cargo pero yo estoy determinada a llevarlo conmigo hasta a la escuela y le quiero dar besos pero no se deja. De cualquier manera, duermo mucho mejor.

Náusea ha vuelto en las mañanas ¿QUEEEEEEÉ? Es cierto, pero parece que ésta náusea se quita comiendo, gracias al cielo mi antojo principal sigue siendo la fruta. Soy godda godda de mi panza, me pesa, es un fastidio, estar embarazada 24 horas al día, 7 días a la semana, no tengo ni un descansitoooooo, excepto la alberca. Me chocaaaaaaa. Sólo espero que la maternidad me caiga mejor que el embarazo. Tengo el estómago literalmente pegado a la garganta, los pulmones apachurrados todo el tiempo y a penas voy a hacer pipí y ya tengo que ir otra vez. Lo lindo es estar casada con la Milanesa. Aunque hoy casi le arranco la cabeza después de media hora de estarle diciendo tengo hambre tengo que comer y él quería todavía ir a escoger una peli (le toma horas). Entonces le gruñí y luego él me gruñó a mí y yo le ladré y él me arremedó y sólo le perdoné la vida porque mi hambre era más fuerte y me tardaba menos en agarrar una mansana (lo siento, se me antojó escribirlo con S). Me cae rete bien el güey.

Ahora me voy a echar cual res… ah no, me tengo que esperar porque acabo de comer yogurt con pasitas y si me acuesto oh acidez. El crío (Apuleyo, para la banda) se mueve con gran emoción y fuerza. Esta semana o la próxima empezará a abris sus ojitos. Oh enamoramiento hijístico. Milanesa dice que mi panza no parece un balón sino una caja fuerte porque es cuadradita… me pregunto en dónde fue al kínder la Milanesa. Cuando Milanesit se va a trabajar me dice adiós y me da besito y luego me agarra la panza y dice “adiós hijito” y yo quiero llorar.

Extraño a mi familia. Ojalá pudiera estar echada con la panza al aire en un sillón después de comer con ellos y escuchándolos platicar. Extraño a mi abuela también. No me gusta la comida fat-free. Sigo queriendo una chela. La única vez que he sentido que un bebé es en parte mío es cuando conocí a la hija de mi jermana. ¿Y si mi hijito no lo siento de la familia? ¿Y si el bonding me toma más a mí que a él? ¿Y si la Milanesa sigue insistiendo con que cancelemos el cable? ¿Y si nos volvemos locos en casa con bebé nuevo y mi suegra? ¿Y si no paso mi examen en mayo? ¿Y si nunca se me quita el miedo de manejar? ¿Y si mis costillas nunca vuelven a ser las de antes? Bueno ya. Camita.

Alquimia (o… los géminis somos bipolares)

El día de hoy se transofrmó de oh frustración a yei yei qué lindo día. Fue así (intentaré ser breve, pero nunca me sale):

Me di cuenta hace unos días de que ejercicio aeróbico para mí gran gran mecanismo antiestrés, paliativo, si quieren, pero gran ayuda, me permite asimilar y colocarme mejor ante los eventos mutantes y estresantes de la vida. Corría antes, pero ahora que soy un globo de agua se siente horrible. Caminar no produce el mismo efecto. Solución: nadar.

Ayer investigación de albercas públicas en la ciudat. Hoy levantada temprano para llegar a la hora, una hora en transporte público y cuando llego, ZAS, alberca cerrada por junta de nosequé. Grrrrr. Luego caminé un titi en el mucho frío hasta poder tomar el camión al centro comercial y buscarme unos gobles y una gorrita de nadar… o sea, pa al menos sentir que ya estaba avanzando en mi plan. ZAS, la tienda de deportes no existe más. GRRRRR. Oh frustración losodioatodos y en centro comercial no hay NI UNA tienda donde vendan cosas de deportes. Bola de coach potatos. Por suerte Milanesa en casa y le pude hablar a hacer quejoterapia, es como magia la quejoterapia de verdad. Por suerte (y por genética) me daba cuenta de qué buena es mi vida que ésas son mis frustraciones. Ni cómo hacer berrinche por esas tonterías, un insulto a la Felicidad, me parecía.

Pos ya me regresaba al hogars cuando me empezó a doler la barriga, como a la altura del ombligo, y que me espanto… a saber si esas son las famosas Braxton-Hicks o por qué me dolía, pero estaba agotada hasta mareada del cansancio y con la espalda toda cansada también. Me aplasté a reposar. Un ratote. Luego me acordé que junto al cc está la guay y que voy a preguntar y que me dan informes Y UN PASE PARA CUATRO DÍAS… YEEEEEEI. Y nomás porque soy bien necia me quedé… yo salí para ir a nadar y ora no regreso hasta que lo logre. Agotada y todo me metí a la alberca. OOOOOOOOOOOOOH FELICIDAAAAAAAAAAAAD. Sépanlo, las panzas no pesan en la alberca. Nadé y nadé tan tan tan feliz. Nadé de perrito, de ranita, de fodonga, de oh que rico, de espladas, de crawl no mucho porque no llevaba goggles ni lentes de contacto y no veía nada y me iba a estampar con otro nadador. Y como tengo el pelo corto cada vez que sacaba mi carita de lado para respirar el pelo se me hacía cortina de agua sobre los ojos y la boca… jajajaja, pero igual estuvo bien rico. No me dolía la espalda, me sentía flexible, ligerita, equilibrada, fuerte, hasta ágil. Necesitaba mucho sentir alguito de control sobre mi cuerpo (ay dios, bipolar y control freak, ¡sonamos! diría Mafalda). Ahora quiero nadar todos los días.

Después en las regaderas que son todas abiertas, entre tanta vieja encuerada me sentía tan tan feliz con mi barriga, tan bonita y tan importante. Qué lindo estar entre mujeres y tener un hijito en la barriga, qué lindo estar entre tantas mujeres encueradas, me gustó tanto ser una de ellas, oh por dios, vivo en el aislamiento total. Permítaseme el comentario en extremo tradicional, pero ahí y con mi barriga me sentía absolutamente femenina. Extraño a mis viejas y mis juntadas con puras comadres y estar entre mujeres. Snif. Fue hermoso sentir la vibra femenina manque fuera de desconocidas.

Bueno ya, luego en la noche me llamó mi papito que lo extrañaba muy bastante hace mucho que no hablaba con él porque ora sí lo traen desquitando el sueldo, tanta falta me hacía que la otra noche soñé que yo le quería enseñar algo y él no me pelaba porque estaba jugando a leer el periódico con mi tío Ricardo. Chale con los jijos que siempre queremos más amor y más atención de los papás (a mis casi 30, siempre quiero más). Jajaja. Me llamaron mi papito y mi mearrastrita y me llenaron el corazón de felicidad y clima tropical. Gracias, muchachos.

Y así el día quedó convertido en un lindo muy lindo día de amor y relajación.

Uy por cierto que ya tenemos depa para mudarnos. YEEEEEEI. Pero eso en otro post que, ya me extendí, y hay que contar bien la historia del depa porque hay magia abuelística involucrada y otras cosas bonitas.

Otro sueño traumático

Estoy echada viéndome la panza que brinca cuando bebé brinca. De pronto la piel se me hace como de chicle y bebé prácticamente asoma su carita, toda su cabeza por mi panza. Me asusto porque creo que podría ser un signo de parto prematuro, y aunque me da demasiada emoción por fin ver su cara duendezca, lo empujo hacia adentro, le digo no bebé, todavía te falta un ratito, tus pulmones no están listos. Entonces sí que me doy cuenta de que el parto ha empezado, no sé cómo, pero me doy cuenta. Así tal cual en el sillón paro un gatito. Le quito con la lengua la membrana que le cubre la nariz para que pueda respirar, lo limpio, y es un gatito gris con blanco hermoso. Trato de amamantarlo pero como tiene boca de gatito pues no nos acomodamos y me pongo muy triste. Alguien, una señora o tal vez la Milanesa que está trabajando junto a mí le trae un plato de leche o crema y el gatito come y sigue jugando con algo. Pienso que yo tenía mucha ilusión de tener un bebé humano y cargarlo como las humanas cargamos a nuestros cachorros. Entonces me acuerdo de que los gatitos nacen en camadas y sigo pujando y sacándome cachorros, pero estos cachorros son diferentes, son como pequeños dragones, con la piel hinchada y roja, llenos de líquidos y cubiertos de pedazos de saco amniótico. Unos no se mueven, otros apenas respiran y sé que si me hubiera dado cuenta antes de que tenía que parir a toda la camada hubieran sobrevivido. Quiero limpiarlos, limpiarles la nariz para que respiren pero prefiero seguir sacándolos a todos. Milanesa me ayuda un poco, pero se va. El último dragón ni siquiera está bien formado, es como una bola rara de células. Una enfermera llega para ayudarme y como creía que estaban todos muertos, cortó a uno y lo metió en una caja de plástico. Abro la caja y veo los pedazos latiendo, moviéndose, me pregunto si es porque sus células están vivas y pienso que tal vez se puede salvar pero al mismo tiempo me da horror que se reproduzcan por partenogénesis y lloro tanto y sólo quiero acabar con eso. No sé si los voy a enterrar o tirar a la basura o tratar de salvarlos. Sigo pensando que yo quería un bebé humano. Pienso en las imágenes que tenía en la ilusión de ser mamá de mi niñito, tener una casa para él, con su ropa y sus cosas y sus papás para quererlo, es demasiado triste. Pienso que nunca voy a poder convencer a Milanesa de tener más hijos, y en que ahora tengo un gato y no quiero un gato, quiero un hijo. Pienso en todos los días cómo lo sentía saltar adentro de mí y le decía cosas y cuánto quería conocerlo y amarlo. Cuando despierto tengo tanta tristeza y miedo que me toma un rato darme cuenta de que estoy en mi vida y de que mi bebito sí es humano. Quiero despertar a la Milanesa y contárselo todo y me doy cuenta de que en muchos sueños de partos y de bebé él no está, está ocupado, está lejos y no entiendo porqué. ¿Será porque sólo uno de nosotros puede hacerla gestación y me tocó a mí? ¿será que la responsabilidad me agobia, la reponsabilidad que biológicamente no puedo compartir con él? ¿será que creo que no entiende mi prisa urgencia de tener el cuarto de bebé listo, el plan de parto listo, las decisiones listas, el nombre listo? ¿será el miedo a perder nuestro amor hermoso y quedarme sin mi jombre cuando seamos papás? ¿será que la única embarazada aquí soy yo?

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