Papá-San

Últimamente me he preguntado si mi papá considera mi status religioso (llámese ateísmo, si gusta usted, aunque es más bien como un agnosticismo antieclesiástico no-personal científico-poético -SONAMOS-) como una derrota propia.

Toda mi infancia y buena parte de mi adolescencia, mi padre invirtió múltiples energías y recursos para hacer de mí, entre otras cosas, una buena católica: escuela católica, misa de niños el domingo, misa de grandes cuando mi hermana se retorcía de horror de ir a misa de niños, historias, canciones, biblias adaptadas, pláticas, explicaciones, bautizo primera comunión etc… Y seré lo que sea, pero con todo respeto al gremio, de católica nada. Creo en la iglesia católica, dah, porque de que existe AH CÓMO DE QUE NO, pero de su relación con lo divino pues mejor otro día hablamos.

Ahora que soy grande (JA) veo que mi vida está llena de todas las canciones historias imágenes y demás que mi papá me enseñó. Mi papá, por cierto, siempre ha sido bueno pa las historias, y una buena parte de mis recuerdos de infancia con él y de mi vida en general sigue marcada por el hecho de que siempre tenía algún chow preparado para nosotras: unas canciones, unos dibujos, unos cuentos, una estación en el radio, unas adivinanzas, etc. Será su creatividad natural, será que nos veíamos una vez a la semana y eso creaba alrededor de él un efecto de showman, jajaja, será todo junto… el caso es que muchos de esos momentos estaban muy relacionados con la religión, como la canción de la Santa Catarina, o la de La Creación, o muchas otras, o las historias de la biblia que nos contaba, o incluso las navidades pascuas y demás fiestas.

Creo que es buena idea decir aquí que mi papá no es un monstruo reclutador de almas… es más, ni siquiera levanta la ceja ante los no-católicos, ni es un obsesionado con su propia religión, cómo podría, si le ha llovido diversidad religiosa en su milpa entre la mujer cristiana la hija musulmana y la atea gracias a dios… bueno ya me desvié mucho, lo que quiero decir, y decirle a mi papá, es que mientras más lo pienso, más admiro su trabajo como papá. Implica admitir, modestia aparte, que mi kermit y yo no salimos tan pior, pero más que eso, para mí implica reconocer que en GRAN GRAN parte, es gracias a mi papito y a la forma en que, sabiendo o no, a propósito o por mero accidente, me educó.

La cuestión religiosa es sólo un ejemplo. Cada vez creo más que mi papá, católico entusiasta y participativo, me dio una formación religiosa tan buena, que hasta me permitió deslindarme de la iglesia y la religión católica. Y no, no hay sarcasmo. Quiero decir que el mensaje que aprendí de mi papá sobre dios, es un mensaje de amor y de felicidad y de confianza en mí misma. O sea, me enseñó que no importa en quién crea, cómo le llame o en qué rituales participe, si mi corazón me dice que está bien, debo escucharlo y seguirlo. Y así en todo, mi papá me enseñó que no importa lo que yo decida, no importa dónde cuándo cómo de qué color o en qué idioma y si para él tiene lógica o es totalmente escandaloso, mi papá está ahí para cacharme si me caigo, o al menos para echarle porras al equipo rescatista, o para festejar cuando hago algo bien, y para decirme ay mija cuando todo me sale mal. En síntesis: que mi vida es mía y yo puedo decidir sobre ella, y contar siempre con él.

Mi papá y yo hemos tenido, obviamente, nuestro pasado tormentoso. En esos momentos de caos total, nunca hubiera pensado que un día, ahora, sería tan claro que lo más importante que he aprendido de mi papá es que me ama incondicionalmente, aunque más de una vez él haya creído que mis decisiones no son las mejores, aunque se haya mordido la lengua ante nuestras diferencias, aunque no entienda a veces pies ni cabeza de qué estoy pensando, aunque nuestros dioses se llamen diferente… así como soy, mi papá me ama. Mi papá me hace sentir amada… y si eso no es dios, pues entonces no entendí nada. ¡PODER! Mi papá es, como dirían los católicos, una bendición de dios. Gracias papito.

Ah… y feliz día del padre.

Las felicidades del fin de semana

Jueves hubo shower para la amiga de Milanesa que tiene bebé una semana después que yo. Fuimos y me gustó mucho estar entre gente. Es la primera vez, creo, desde que nos mudamos hace dos años, queno me siento totalmente inadecuada y nerviosa entre gente. Un poco, pero no totalmente.

Sábado nos fuimos a ver a los amigos al norti. La mejor amiga de Milanesa desde la prepa y su marido, que son muy chidos y los amamos con locura y ella será mi compañera de parto, junto con Milanesa, obvio. No ha parido nunca, pero mi doctora dijo que no importa, que sí tuviera una doula y que lo más importante era elegir a alguien con quien me siento muy cómoda y en quien confío plenamente. Claro, si estuviera en mi país y con mi familia, o bien, si mi hermana no tuviera un crío que la necesita más que yo aún en momentos parturientos, otro gallo nos cantaba, o no sé, pero la cosa es así y aquí Ai-lin es una opción espectacular. Es totalmente non-judgemental, estúpidamente divertida, amorosa, brillante, con los ojitos brillantes de emoción de los niños pero con la sabiduría de una mujer anciana (y sabia). Además, alguien con quien Milanesa tiene un vínculo muy poderoso y yo he formado mi propio vínculo de poder y de mujeres con ella. Así que le dije si quería ser mi doula, estar con nosotros en el parto y nos pusimos a llorar de emoción. Ja. Dijo que sí.

Entonces sábado a verlos y comer y convivir y luego cenamos en su casa, y para cenar invitaron a su amiga que es comadrona y traía a su hijito de 2 años, del cual me enamoré y él de mí, y a otro amigo chido con su hijo de 14 años, del cual me enamoré también. Así que cenamos hablamos nos reímos babeamos con el niño chiquito abiertamente y con el niño grande a discreción para no hacerlo sentir mal, pero al final nos quedamos Milanesa y yo con la ilusión de nuestro propio niñito y cómo lo vamos a disfrutar y qué maravilloso ver cómo se hace su personalidad y cómo crece cada día, desde ser un bebé que corre con camiones en la mano, hasta ser un adolescente de patineta que se platica de cosas y que tiene opiniones y filosofías sobre la vida y así toda su vida. EMOCIOOOOOOOOÓN.

Como ayer ya era tarde nos quedamos a dormir allá, aprovechando que todavía podemos vivir sin hacer planes y ser espontáneos, hoy decidimos posponer el viaje por la cuna y mejor irnos a comer con otros amigos, qué rico se siente, especialmente porque se nos acaba el veinte pronto. Menos de dos meses. Hay que aprovechar y disfrutar.

En la cena de anoche y la comida de hoy, tampoco me sentí totalmente inadecuada y extraterrestre, por el contrario, me sentía feliz entre gente, como antes, como cuando vivía en mis ciudades de antes y tenía a mis amigos cerca y convivir con gente conocida y nueva me daba energía y felicidad. Me siento enamorada de la convivencia, como flotando un poco de la gente a la que conocí y disfruté este fin y la que ya conocía tambien. Tal vez va siendo tiempo de empezar a abrir otra vez el corazón.

Niña niñe niñi niño niñu (a ver, díganlo rápido)

Empezaré por el principio (y cuando acabe de hablar… me callo).

Desde que tengo memoria he querido tener una niña. Siempre. Todas mis muñecas eran niñas, en la familia de mi mamá sólo hay niñas y crecí rodeada de muchas mujeres, siempre me vi con niñas, siendo mamá de niñas, educando niñas. Milanesa por su lado, se moría por tener una niña. Hemos tenido nombres de niñas desde hace siiiiiiiglos y nos hemos visualizado siempre con una niña (al menos). Desde el inicio del embarazo pensamos asumimos que Tripu era niña.

Para explicar las dimensiones de mi fijación, hace unos años conocí a una mujer que tenía dos niños, y en mi mente su familia estaba incompleta. Cuando sabía de alguien que sólo tuvo niños, automáticamente pensaba oh pobre. No sé porqué y ni me voy a disculpar porque en realidad en mi trabajo amo a los niños con que trabajo, a los niños varones en particular ¡me encantan! igual que mis sobrinos y tal, pero simplemente nunca me imaginé educar un niño.

Hace un par de semanas soñé que íbamos al ultra. En el sueño la Bruja está conmigo en una salita y la enfermera sale a decirnos resultados: el corazón está bien, los riñones perfectos, tal. Entonces yo veo unos números y me doy cuenta de que corresponden a un cromosoma X y un Y y me traumo. Corro a buscar a la enfermera y le pregunto si es niño y me dice que sí. Y yo vuelvo a sentarme con la Bruja tratando de poner cara de entusiasmo, pero no puedo. La Bruja me dice “¿vamos a llorar, verdad?” y nos ponemos a llorar las dos. Y entonces despierto y me siento fatal. Con culpa de llorar por no tener mi niña, con culpa de sentirme malagradecida con la vida porque al final mi niño está supersano, con miedo de que mi niño no esté supersano y de no estar valorando lo que realmente importa… y también con miedo de que en efecto sea niño. Desde entonces Milanesa y yo nos empezamos a hacer a la idea de que podría ser niño. Y el desenlace lo sabemos: es niño.

Pero ahí no acaba todo, ahí empieza. Estamos en el ultra y la técnica ultrasonidística pregunta si queremos saber, y nos dice: it’s a boy. No hay confusión fonética, boy y girl no se parecen en nada. Yo estoy viendo todo reflejado en un espejo porque mi cabeza queda al mismo nivel que el monitor. Milanesita me agarra la mano y mira la pantalla. La mujer nos explica la imagen: legs, scrotum, penis: BOY. Yo estaba genuinamente emocionada de ver a mi criatura tan sana, chuparse el dedo, sus corazón con sus cuatro cámaras bombeando, todos sus huesitos perfectos, y también estaba en shock, así que mitad super feliz mitad super triste lloraba. En un segundo me vi despidiéndome de mi niña, viviendo rodeada de hombres, teniendo una familia incompleta, sintiéndome una mala madre, siendo una madre descuidada y berrinchuda, viendo mi sueño hacerse cachitos frente a un escroto y un pene perfectamente saludables. También me sentía terriblemente confundida, sin saber quién es esta Yo que es mamá de un niño y no de una niña. Literalmente se me cayó el mundo, o el que me había imaginado, y me sentí aún peor por sentirme así de mal. Snif. Y pensaba en la gente que quiere hijo y no puede, y en la que tiene niños enfermos o niños que murieron, y me sentía tan ridícula superficial inmadura, argh.

Estaba llorosa y con sentimientos encontrados, pero la verdadera devastación me llegó en el coche cuando Milanesa me dijo que tal vez mi desilusión es que siempre me imaginé siendo mamá de una niña y poder verla crecer y seguir siendo su mamá cuando la niña fuera grande. Entonces sí que fue el acabóse. Mi marido es muy sabio. Muy. Pensé en mi mamá y en cuánto le hubiera gustado seguir siendo mamá de sus niñas toda la vida y vernos de grande; y en cuánto me gustaría a mí ser niña grande y tener a mi mamá vivita y coleando. Milanesa también dijo que en esa historia que yo me imaginé hay mucha carga emocional, mucha historia de tristezas y dolores, y que tal vez la Vida tiene un buen motivo para darme un niño y que ahora tengo una oportunidad de empezar desde cero e inventarlo todo nuevo. Gracias al cielo por mi marido. Luego me decía que perdón, que no me quería lastimar, que en realidad no lo había pensado antes, yo le decía que es muy listo y que tiene tanta razón y que ay qué dolor.

Y así, conforme hablo de mi niñito y me imagino con él, me siento más feliz. De hecho, me siento muy feliz. Hasta siento que si decidimos tener otro bebé y es niño está perfecto. En el trabajo tengo un niño que me derrite, de 9 años, me vuelve loca sólo de verlo, nos amamos los dos, y luego supe que nació el mismo día que nacerá mi propio niño… creo que es una señal. Mientras más me pienso como mamá de un niño, más ligera me siento, emocionalmente, claro. Siento que no hay manera de recrear mi historia con mi mamá. Luego mi hermana dijo que debe ser un premio kármico, jajaja, gracias hermana. Dice que en nuestra mente la relación madre-hija es una que dura muy poco, y que eso es muy duro. Dice que lo que sabemos de la relación madre-hijo es que es ultra mueganezca (para muestra basta un papá) y de muy larga duración.

Ahora mi tarea es dejar que mi digestión emocional haga lo suyo y dedicarme a imaginarme la vida con mi niñito. Creo que en poco tiempo acabaré sintiendo que las niñas son pegajositas y que ojalá que el segundo sea niño también. Jajaja. Me siento enamorada de mi niñito y me siento agradecida con la vida por mandarme mi chiquitín escrotado y peneado y saludable. Me siento agradecida con todos los hombres maravillosos que conozco porque me hacen llenarme de amor y esperanza e ilusión.

Por mi padre, bohemios

Ayer una mujer como 50/60ona en el camión me empezó a hablar de los straight y gay men. Me dijo si te quieres hazte un favor consíguete un amigo gay, duran para siempre y saben cocinar. Chale con el estereotipo. Y siguió contando todo lo que sabe de los hombres… yo pensaba qué triste después de tantos años seguir tan mensa. Yo sé mucho más de la vida y de los hombres que ella. Por ejemplo, conozco a esos gay que hay que quedárselos para siempre porque son maravillosos, y no saben cocinar (más que quesadillas), y conozco a los que hay que tirar a la basura sin siquiera desenvolverlos. Y a pesar de todos mis anteriores prejuicios, conozco a hombres, gay y straight, que se comprometen y tienen un corazón hermoso y lo comparten y son tan incondicionales como es humanamente posible.

En realidad yo quería decirle cosas a esta mujer, porque sentía que estaba insultando al género masculino, y eso no está bien. Claro que hay ejemplares insultables, pero los hay también en el género femenino, y en todas sus variedades intermedias.

Quería decirle de mi mejor amigo gay, y también de mi mejor amigo straight, y de mi Milanesa, y de mi papito y mis abuelos y de mis tíos y mis primos y mis amigos y los hombres de mi amigas y mis compañeros de trabajo y todos los otros a los que no conozco porque sólo se puede conocer a un número limitado de personas en el mundo, pero todos esos hombres que son maravillosos únicos espectaculares sensibles comprometidos luchadores amorosos que son novios amigos padres esposos abuelos hermanos hijos compañeros que también se han partido su desta para ser personas de bien y han aprendido a amar y a dejarse amar y tienen sueños y están ahí, con los suyos y con ellos mismos y son una joya de la humanidad Y SON MUCHOS.

Hubiera mandado a esa mujer a un programa de internado con mi familia para que vea lo maravillosos que son los hombres. Y luego con mis amigos… nomás pa que se diera un quemón. Con mi Milanesa no, porque ése es sólo mío, pero aunque sé que cada quién tiene su destino y paga su precio y questo y quelotro, me sentí un poco triste por ella, que seguro no tuvo un papá como el mío de amoroso y cercano y participativo y apoyador de esos que te hacen sentir la hija más importante del mundo, que se levantó de las cenizas (una y otra vez) y trabaja todos los días para ser mejor y hacerse cargo de él y los suyos y seguir teniendo ánimos para sonreír y a pesar de todo, espera lo mejor de la vida y de los humanos. Esa pobrecita mujer tampoco tuvo a sus tíos cercanos cada uno en su estilo a los cuales ir conociendo y descubriendo a lo largo de la vida. Ni a los primos divertidos y dulces que yo tengo. Ni a los amigos-hermanos que están siempre ahí, siempre ahí, para todo, para reconstruir el mundo cada vez que se rompe. Mucho menos tuvo a una Milanesa que le sobara la espaldita cuando gomitaba, o que le dijera gracias por cargar a nuestro bebé o que estuviera genuinamente interesado en ayudarla a ser feliz y mejor y más completa, y que lo primero que dice cuando despierta es te amo… bueno a veces empieza mentando madres porque ya se le hizo tarde.

Así que ésta va para felicitar a los hombres chingones, y para desearles a las mujeres que abran bien los ojos, porque el mundo está lleno de ellos. ¡Por mi padre (y sus congéneres), bohemios!