Papá-San

Últimamente me he preguntado si mi papá considera mi status religioso (llámese ateísmo, si gusta usted, aunque es más bien como un agnosticismo antieclesiástico no-personal científico-poético -SONAMOS-) como una derrota propia.

Toda mi infancia y buena parte de mi adolescencia, mi padre invirtió múltiples energías y recursos para hacer de mí, entre otras cosas, una buena católica: escuela católica, misa de niños el domingo, misa de grandes cuando mi hermana se retorcía de horror de ir a misa de niños, historias, canciones, biblias adaptadas, pláticas, explicaciones, bautizo primera comunión etc… Y seré lo que sea, pero con todo respeto al gremio, de católica nada. Creo en la iglesia católica, dah, porque de que existe AH CÓMO DE QUE NO, pero de su relación con lo divino pues mejor otro día hablamos.

Ahora que soy grande (JA) veo que mi vida está llena de todas las canciones historias imágenes y demás que mi papá me enseñó. Mi papá, por cierto, siempre ha sido bueno pa las historias, y una buena parte de mis recuerdos de infancia con él y de mi vida en general sigue marcada por el hecho de que siempre tenía algún chow preparado para nosotras: unas canciones, unos dibujos, unos cuentos, una estación en el radio, unas adivinanzas, etc. Será su creatividad natural, será que nos veíamos una vez a la semana y eso creaba alrededor de él un efecto de showman, jajaja, será todo junto… el caso es que muchos de esos momentos estaban muy relacionados con la religión, como la canción de la Santa Catarina, o la de La Creación, o muchas otras, o las historias de la biblia que nos contaba, o incluso las navidades pascuas y demás fiestas.

Creo que es buena idea decir aquí que mi papá no es un monstruo reclutador de almas… es más, ni siquiera levanta la ceja ante los no-católicos, ni es un obsesionado con su propia religión, cómo podría, si le ha llovido diversidad religiosa en su milpa entre la mujer cristiana la hija musulmana y la atea gracias a dios… bueno ya me desvié mucho, lo que quiero decir, y decirle a mi papá, es que mientras más lo pienso, más admiro su trabajo como papá. Implica admitir, modestia aparte, que mi kermit y yo no salimos tan pior, pero más que eso, para mí implica reconocer que en GRAN GRAN parte, es gracias a mi papito y a la forma en que, sabiendo o no, a propósito o por mero accidente, me educó.

La cuestión religiosa es sólo un ejemplo. Cada vez creo más que mi papá, católico entusiasta y participativo, me dio una formación religiosa tan buena, que hasta me permitió deslindarme de la iglesia y la religión católica. Y no, no hay sarcasmo. Quiero decir que el mensaje que aprendí de mi papá sobre dios, es un mensaje de amor y de felicidad y de confianza en mí misma. O sea, me enseñó que no importa en quién crea, cómo le llame o en qué rituales participe, si mi corazón me dice que está bien, debo escucharlo y seguirlo. Y así en todo, mi papá me enseñó que no importa lo que yo decida, no importa dónde cuándo cómo de qué color o en qué idioma y si para él tiene lógica o es totalmente escandaloso, mi papá está ahí para cacharme si me caigo, o al menos para echarle porras al equipo rescatista, o para festejar cuando hago algo bien, y para decirme ay mija cuando todo me sale mal. En síntesis: que mi vida es mía y yo puedo decidir sobre ella, y contar siempre con él.

Mi papá y yo hemos tenido, obviamente, nuestro pasado tormentoso. En esos momentos de caos total, nunca hubiera pensado que un día, ahora, sería tan claro que lo más importante que he aprendido de mi papá es que me ama incondicionalmente, aunque más de una vez él haya creído que mis decisiones no son las mejores, aunque se haya mordido la lengua ante nuestras diferencias, aunque no entienda a veces pies ni cabeza de qué estoy pensando, aunque nuestros dioses se llamen diferente… así como soy, mi papá me ama. Mi papá me hace sentir amada… y si eso no es dios, pues entonces no entendí nada. ¡PODER! Mi papá es, como dirían los católicos, una bendición de dios. Gracias papito.

Ah… y feliz día del padre.

Antes y después

El tema evolutivo sigue dándome comezón. Cuando hice mis pruebas vocacionales en la prepa mis opciones resultaban siempre: biología, comunicación, pedagogía. Y así toda mi vida profesional ha sido tratar de integrarlas porque es en realidad lo que más feliz me hace. Se solicita a los biologicistas que compartan referencias. Mi plan es que mientras me veo convertida en vaca lechera de mi crío estaré haciéndole cariños y conviviendo con él, pero también imagino que nos vamos a aburrir (los dos, jajaja) y entonces leeré y leeré el Origen de las especies y leeré todo el chisme darwiniano-mendeliano.

Pero mientras eso sucede: hoy acabamos la semana 36. Hoy tomamos Milanesa y yo el avión para ir a casa de mis suegros en cuya ciudad tomaré mañana mi examen de certificación profesional. Esperamos con todo el corazón que el jijito se espere a que regresemos para nacer. Milanesa sueña que el parto ha empezado, yo sueño que la casa está sucia y la quiero limpiar una y otra vez.

El embarazo apesta. Más ahora que quiero hacer tantas cosas, como armar los muebles para el bebé, ohhh mis rompecabezas gigantes, amo armar muebles y no puedo porque entre la contracción y la espalda al tercer tornillo ya me entumí. Me duele la panza por las contracciones con nombre de hombre, la espalda alta, las rodillas, los piesitos, las manos se me hinchan y la cadera siento que se me está rompiendo. Entonces me acuesto un rato y leugo me siento bien y quiero levantarme y hacer cosas pero en el camino ya me agoté otra vez. Tal vez es deconexión de mi interior, propia de la vida moderna, y en este tiempo en realidad tendría que estar sólo echada leyendo a Darwin y no viajando a 1000km para definir mi futuro profesional. O bien, construyendo un nidito para mi criatura con heno y flores, y no con muebles de particle board que no puedo levantar yo sola, ni haciendo viajes a la lavandería para tenerle su ropa sábanas y trapitos limpios.

En este escenario, las otras mujeres del clan estarían trayéndome comida y pasando horas en mi tienda o en mi cueva platicando y dándome bendiciones para el parto y la maternidad y probablemente sobándome las patitas y la espalda y la cadera y haciendo hechizos para facilitar el paso del hijo. Habría fiesta espontánea todos los días. Pero no. Las mujeres de mi clan están a muchísimos kilómetros de distancia, ocupadas con sus carreras sus familias y sus historias, y antes de visitarme en mi tienda tendrán que pedir vacaciones hacer reservaciones gastar en boletos de avión y cambiar toda su vida por el tiempo que dure la visita. Y yo: acabar de organizar la tienda para hacer espacio, ajsutar mi horario y actividades y también cambiar mi vida sigloveintinuera. Asís ería incluso si viviéramos en la misma ciudad, me temo. Aprecio mucho muchísimo no saben cuánto la compañía virtual y las pláticas virtuales y los correos de amor y las llamadas, me mantienen con vida, pero las cambiaría gustosa por reuniones de carne y hueso con abrazos y apapachos y olores y gestos. A veces extraño la época de las cavernas, o más bien algunos aspectos de ella.

Desconectada o no de mis necesidades y tiempos biológicos por la vida sigloveintiunera, el embarazo apesta. Entre las manifestaciones físicas y las crisis existenciales que éstas me provocan, me urge que se acabe. No me importa si la tía Chuchi tuvo 12 hijos, o si la mujer en Powdonk va por el hijo 18… yo voy por uno y es suficientemente difícil. Pero a la gente no le gusta que le rompan la burbuja de la dulce espera, se retuerce como almeja en sal, se hace orejas de pescado, y en general no lo soporta y sale corriendo para el otro lado. Parte del proceso de hacerme madre, supongo: poco a poco, por la forma en que llevo mi embarazo y él me lleva a mí, voy tejiendo unos lazos destejiendo otros y haciendo un nuevo clan.

Lo dicho, no concibo 8,000,000,000 de años, si para mí ocho meses me han convertido en otra persona a la que todavía no conozco muy bien… y eso que estamos empezando.

Silencio incómodo (o… el día de las madres)

En Mex se celebró el día de las madres el 10, sábado, y acá el domingo. Yo me hice todo lo guaje que pude, como casi cada año. El día de las madres me incomoda, me pica, me duele y me indigesta. Obvio, por huérfana de madre. Los primeros años sin madre era horrible porque la gente preguntaba qué le vas a regalar a tu mamá y entonces a mí se me hacía ojito Remi. Ahora la diferencia es que la gente no pregunta, y si pregunta ya alcanzo a responder.

De cualquier manera, con o sin madre, siempre me ha parecido raro que la gente ande celebrando y felicitando madres ajenas. Creo firmemente que uno debería celebrar a sus propias madres… y si se quiere poner muy fiestero, pues entonces a las abuelas también. Eso descartando que la mercadotecnia y que porqué un día y no todos si las jefas se soban el lomo 356 días al año y muchos etcéteras. En un intento de no ser tan cascarrabias diré que OK que haya día de las jefas, pero me sigue pareciendo raro felicitar a TOOODAS las jefas que conozco… nunca le hablo a nadie y espero que no se ofendan. Y no es que no admire su trabajo, lo admiro BIG TIME cada vez más, pero como ninguna es mi propia jefa pues qué les felicito, digo yo, si el título de madre a juercitas requiere un hijo, vivo o muerto, nacido o no, lejano o cercano, amado o cómo-fui-a-parir-eso, o sea, no es un título dado por mérito individual de NINGUNA MANERA. Si fuera un premio Nobel, o un premio el que sea, o hasta un cumpleaños… no sé cómo explicarlo, pero sí que me resulta un poco mutante.

Estará pensando, querido lector, que es porque todavía no tengo hijo y no me asumo TAN parte del clan de madres… pero no va por ahí la cosa. Es más, ahora que recibí un par de llamadas para felicitarme de día de las madres me parecía que era número equivocado… o persona equivocada. y aclaro, por si quedaban dudas, que tengo el más projundo respeto y admiración por la mayoría de las mamás que conozco… porque desde el embarazo es una shinga sin parangón, pienso en mi hermana y en mi cuñada, que las he visto hacerse jefas desde el principito y transformificarse y dejar a toda la persona que eran antes para hacerse una nueva ellas mismas y además echar a otra criatura chiquita y desconocida… y que el dios las ayude a cada una con los retos que han enfrentado y les conceda la tranquilidad de que la terapia cada vez es más popular y los hijos de una u otra forma casi siempre salen bien. Bueno, eso, que mis respetos y me quito el sombrero y alfombra roja, y quiero estar cerca y acompañar y escuchar y si quieren tallerear, pero felicitarlas por el día de las madres me parece tan extraño… más bien creo que ya le tocará a sus respectivos críos esa parte… si quieren, claro está.

Sí que tengo mucho que agradecerle a mi propia madre, desde los genes hasta las herramientas para su uso en el futuro lejano y lo hago todos los días. Y a mis abuelas, por extensión biológica. Y listo.

Por otro lado, quiero enviar un mensaje estilo Mafalda a las madres del mundo para que se solidaricen unas con otras y respeten y en lo posible disfruten sus diferencias, porque les alvierto a todos, que esto de entrar a la maternidad es, para empezar, darse cuenta de que no importa qué hagas cuánto te esfuerces cuántas maravillosas razones tengas para tomar tus decisiones de madres: la gente te juzgará, madres padres hijos parientes vecinos y perfectos desconocidos, te juzgarán. Inevitable es que todos tengamos opiniones, daaaaah, pero de ahí a levantar la ceja cuando la madre en cuestión no pregunta hay años de diferencia. Y el reto es, creo yo, aprender a mandar al mundo al cuerno y tomar nuestras propias decisiones, tan informadas, conscientes y bienintencionadas como sea posible, lo cual es rebuznancia porque todas las mamás (y los papás… dahhh) hacemos lo mejor que podemos SIEMPRE hacemos lo mejor que podemos.

Amén.

(Ay, canijo, me salió lo aguerrida…. jajajaja)

Abuela y yo

Hoy era cumpleaños de mi abuela. En realidad, de mis dos abuelas. Materna y paterna cumplían años el mismo día. Para mi bebé será igual: abuela paterna y abuelo materno comparten cumpleaños, qué simpático.

Bueno el caso es que generalmente hablo de mi abuela paterna porque la relación con ella no vino gratis. Sí claro que me llevaban a su casa en navidades y tal, pero nunca de niña me sentía cercana. Con la abuela materna, aunque la veía más o menos las mismas veces, sí que me sentía cercana… será una cuestión de DNA mitocontdrial o el mismísimo sereno, así era. Luego se murió mi abuela materna y me sentí tan tonta que ya viviendo en la misma ciudad no la había visitado muchas veces. No era arrepentimiento o culpa, era esta sensación de haber hecho algo tonto y por suerte tener en la mano la solución. Así que apliqué la transferencia y decidí ir a ver a mi otra abuela una vez a la semana. Abuela María Aurora. Los domingos. Como el Principito con el zorro.

Y luego se me hizo necesidad, cada domingo verla, a veces le caía a darle un beso entre semana, y también la llamaba en la semana. Oh feliz codependencia. Y luego coincidía con otros de la familia y se armaba la fiesta, pero lo más lindo era que con cada visita conocía más a mi propia abuela y por fin sentía lo rico y acolchonadito que es tener abuela (en el mejor de los sentidos, claro). Rico una abuela que cuenta historias y unas que sólo me contaba a mí y comíamos golosinas juntas y veíamos la tele o a veces tomaba siestas en su sillón, jajaja, no había que hacer nada más que ver pasar las horas sentadas en el despacho, juntas. En tan poco tiempo mi abuela era parte de mi vida y yo de la suya… no sólo poéticamente, sino de verdad, teníamos nuestras rutinas, nuestros temas comunes, nuestras pláticas que duraban más de una visita, la costumbrita rica de estar cerca. Y me sentía como si toda la vida hubiera sido así.

Cuando me despedí de ella por cambiarme de país me dijo que era la última vez que nos veíamos. Le dije que ojalá que no, que se esperara otra vez. Pero la abuela tenía años pidiendo aventón de salida y diciéndolo en voz alta. Con todo su amor y toda su bendición nos despedimos. Y dos meses después al fin logró morirse. Sus últimas palabras fueron un chiste… literalmente.

Hoy era su cumple. Unos amigos de la Mila nos invitaron a una cenita y nos tocó el postre, y sin pensarlo decidí unas fresas con crema que quedaron deliciosas y todos babeaban. Hace siglos que no comía fresas con crema. Al final de la cena me acordé que justo ése era el postre favorito de mi abuela María Aurora. Y con todo ese prólogo: ¡FELIZ CUMPLEAÑOS ABUELA!

Breves filosófico-noticiosas (o ¿cómo ingaos le pongo a este post?)

Las contracciones de Braxton-Hicks no duelen, pero existe la errónea creencia de que todo lo que no duele es agradable y viceversa. Totalmente falso. Aplica para cuestiones físicas y para cuestiones emocionales, oh sí. No duelen, pero no ta bonito el calambre en la barriga. La patita del hijo se me entierra en la costilla. Jajaja. Y aunque los estudios revelan que mi química sanguínea esta perfecta y mi peso está perfecto (7.4 kilos subidos… falta ver perfecto para qué), me siento como si tuviera 80 años aunque sin la sapiencia que confiere la edad.

He desarrollado la pésima costumbre los últimos días de leer mails sin contestarlos. Me pondré al corriente. Lo juro. Me atormenta que recibo mails hermosos y séntidos y no los contesto. Chale conmigo. Qué vida amarga. Jajaja. Bueno, pero sí me pondré al corriente.

Luz estuvo de visita y fui tan tan tan feliz de tenerla aquí. Joteamos de lo lindo y me consintió muchísimo. Es lindo que alguien te diga “no te agaches, yo te lo paso”. Por ciurto que muchos artículos y cosas de empanizadas gringas se quejan de que todo mundo les agarra la panza, se sienten invadidas… yo por el contrario tenía la ilusión de que la banda toda ella me manoseara y me hiciera cariños en mi barriga, pero es todo falso. TODO falso he sido víctima de un engaño. Con todo y barriga, ni quien me pele. Sólo Luz me agarró mi pancita. Y la Chanel también me agarra la panza, pero nomás cuando la veo. Con todo y la fantastimusical compañía de Luz, extrañé a la Milanesa. Chale, se me hace que sí lo quiero. Ya regresó de su viaje. Mañana nos vamos de baby-moon.

Ay y quiero agregar que mi tío cumplió 60 pero creo que desde hace como 30 años él sólo ha envejecido como 10… o menos. No es cebollazo, desde mi más tierna infancia me parecía que los años pasaban por el resto de la familia pero por él no. ¿Conocerá la fuente de la eterna juventud? ¿Habrá hecho algún pacto con Sir Nicholas Flamel para que se mochara con un cachito de la piedra filosofal? ¿O será que los calladitos envejecen menos? ¡Sonamos! Ahora sé porqué me siento como de 80. Me despido con una máxima del mismo tío, sirva de consejo y advertencia para todos aquellos que siguen cumpliendo años sin parar: la cana engaña, el diente miente, la arruga disimula, pero el pelo en la oreja, ni duda deja.

Ea Ea baila baila (reloaded)

JO, lo logré. Aquí va video de bebé brincando, borré el Ea ea baila baila anterior y el post en el que hago berrinche por no poder subir el video.

Alquimia (o… los géminis somos bipolares)

El día de hoy se transofrmó de oh frustración a yei yei qué lindo día. Fue así (intentaré ser breve, pero nunca me sale):

Me di cuenta hace unos días de que ejercicio aeróbico para mí gran gran mecanismo antiestrés, paliativo, si quieren, pero gran ayuda, me permite asimilar y colocarme mejor ante los eventos mutantes y estresantes de la vida. Corría antes, pero ahora que soy un globo de agua se siente horrible. Caminar no produce el mismo efecto. Solución: nadar.

Ayer investigación de albercas públicas en la ciudat. Hoy levantada temprano para llegar a la hora, una hora en transporte público y cuando llego, ZAS, alberca cerrada por junta de nosequé. Grrrrr. Luego caminé un titi en el mucho frío hasta poder tomar el camión al centro comercial y buscarme unos gobles y una gorrita de nadar… o sea, pa al menos sentir que ya estaba avanzando en mi plan. ZAS, la tienda de deportes no existe más. GRRRRR. Oh frustración losodioatodos y en centro comercial no hay NI UNA tienda donde vendan cosas de deportes. Bola de coach potatos. Por suerte Milanesa en casa y le pude hablar a hacer quejoterapia, es como magia la quejoterapia de verdad. Por suerte (y por genética) me daba cuenta de qué buena es mi vida que ésas son mis frustraciones. Ni cómo hacer berrinche por esas tonterías, un insulto a la Felicidad, me parecía.

Pos ya me regresaba al hogars cuando me empezó a doler la barriga, como a la altura del ombligo, y que me espanto… a saber si esas son las famosas Braxton-Hicks o por qué me dolía, pero estaba agotada hasta mareada del cansancio y con la espalda toda cansada también. Me aplasté a reposar. Un ratote. Luego me acordé que junto al cc está la guay y que voy a preguntar y que me dan informes Y UN PASE PARA CUATRO DÍAS… YEEEEEEI. Y nomás porque soy bien necia me quedé… yo salí para ir a nadar y ora no regreso hasta que lo logre. Agotada y todo me metí a la alberca. OOOOOOOOOOOOOH FELICIDAAAAAAAAAAAAD. Sépanlo, las panzas no pesan en la alberca. Nadé y nadé tan tan tan feliz. Nadé de perrito, de ranita, de fodonga, de oh que rico, de espladas, de crawl no mucho porque no llevaba goggles ni lentes de contacto y no veía nada y me iba a estampar con otro nadador. Y como tengo el pelo corto cada vez que sacaba mi carita de lado para respirar el pelo se me hacía cortina de agua sobre los ojos y la boca… jajajaja, pero igual estuvo bien rico. No me dolía la espalda, me sentía flexible, ligerita, equilibrada, fuerte, hasta ágil. Necesitaba mucho sentir alguito de control sobre mi cuerpo (ay dios, bipolar y control freak, ¡sonamos! diría Mafalda). Ahora quiero nadar todos los días.

Después en las regaderas que son todas abiertas, entre tanta vieja encuerada me sentía tan tan feliz con mi barriga, tan bonita y tan importante. Qué lindo estar entre mujeres y tener un hijito en la barriga, qué lindo estar entre tantas mujeres encueradas, me gustó tanto ser una de ellas, oh por dios, vivo en el aislamiento total. Permítaseme el comentario en extremo tradicional, pero ahí y con mi barriga me sentía absolutamente femenina. Extraño a mis viejas y mis juntadas con puras comadres y estar entre mujeres. Snif. Fue hermoso sentir la vibra femenina manque fuera de desconocidas.

Bueno ya, luego en la noche me llamó mi papito que lo extrañaba muy bastante hace mucho que no hablaba con él porque ora sí lo traen desquitando el sueldo, tanta falta me hacía que la otra noche soñé que yo le quería enseñar algo y él no me pelaba porque estaba jugando a leer el periódico con mi tío Ricardo. Chale con los jijos que siempre queremos más amor y más atención de los papás (a mis casi 30, siempre quiero más). Jajaja. Me llamaron mi papito y mi mearrastrita y me llenaron el corazón de felicidad y clima tropical. Gracias, muchachos.

Y así el día quedó convertido en un lindo muy lindo día de amor y relajación.

Uy por cierto que ya tenemos depa para mudarnos. YEEEEEEI. Pero eso en otro post que, ya me extendí, y hay que contar bien la historia del depa porque hay magia abuelística involucrada y otras cosas bonitas.

Antojos desayunísticos

En las mañanas de fin de semana siempre extraño mis desayunos mexicanos. Desde muy al principio, la Mila y yo hacíamos gran desayuno en sábado o domingo: migas con huevo, huevo con chorizo, machaca, chilorio, con tortilla sy aguacate y frijolitos, y hacíamos ensalada de frutas, juguito de naranja, teníamos pan dulce, café, etc. En su departamento, antes de arrejuntarnos, eran mañanas muy lentas que incluían música y ver comer a los pájaros en la ventana. Luego en mi depa alternábamos con quesadillas del mercado, jugos de frutas del puesto de la esquina, tamales patrocinados por mi papá, o los maravillosos tacos de carnitas y barbacoa de la esquina, con la salsa verde cruda buenísima.

Ahora seguimos disfrutando desayunos lentos y abundantes, pero no hemos encontrado chorizo o carne seca que nos gusten, y bueno, no está tan fácil como antes. Es como si antes esos ingredientes vivieran siempre en nuestro refri y se repusieran solitos, y ahora se siente que hay que salir a buscarlos. Ayer fue día de la candelaria y quiero una torta de tamal de mole. Aunque me conformaría con unos huevos con chorizo en tortilla de harina con guacamole y salsa de chipotle.

Estoy cocinando avena steel cut para mi desayuno, pero la verdad es que quiero unos sopes con frijolitos, así que me voy a sacudir la fiaca y hacer mis sopes. Ash pero hay que dejar reposar la masa un poc para que se hidrate chido y eso tomará tiempo. Debería estar optimista porque tengo una bolsa enorme de maseca en mi despensa y frijolitos negros de lata pero retebuenos y unas salsas ricas. Pero y qué, no quiero estar optimista. Quiero mi comida de la calle y los puestos de comida y jugos recién hechos de la esquina, así que haré un poco de berrinche, con permisito.

Niña niñe niñi niño niñu (a ver, díganlo rápido)

Empezaré por el principio (y cuando acabe de hablar… me callo).

Desde que tengo memoria he querido tener una niña. Siempre. Todas mis muñecas eran niñas, en la familia de mi mamá sólo hay niñas y crecí rodeada de muchas mujeres, siempre me vi con niñas, siendo mamá de niñas, educando niñas. Milanesa por su lado, se moría por tener una niña. Hemos tenido nombres de niñas desde hace siiiiiiiglos y nos hemos visualizado siempre con una niña (al menos). Desde el inicio del embarazo pensamos asumimos que Tripu era niña.

Para explicar las dimensiones de mi fijación, hace unos años conocí a una mujer que tenía dos niños, y en mi mente su familia estaba incompleta. Cuando sabía de alguien que sólo tuvo niños, automáticamente pensaba oh pobre. No sé porqué y ni me voy a disculpar porque en realidad en mi trabajo amo a los niños con que trabajo, a los niños varones en particular ¡me encantan! igual que mis sobrinos y tal, pero simplemente nunca me imaginé educar un niño.

Hace un par de semanas soñé que íbamos al ultra. En el sueño la Bruja está conmigo en una salita y la enfermera sale a decirnos resultados: el corazón está bien, los riñones perfectos, tal. Entonces yo veo unos números y me doy cuenta de que corresponden a un cromosoma X y un Y y me traumo. Corro a buscar a la enfermera y le pregunto si es niño y me dice que sí. Y yo vuelvo a sentarme con la Bruja tratando de poner cara de entusiasmo, pero no puedo. La Bruja me dice “¿vamos a llorar, verdad?” y nos ponemos a llorar las dos. Y entonces despierto y me siento fatal. Con culpa de llorar por no tener mi niña, con culpa de sentirme malagradecida con la vida porque al final mi niño está supersano, con miedo de que mi niño no esté supersano y de no estar valorando lo que realmente importa… y también con miedo de que en efecto sea niño. Desde entonces Milanesa y yo nos empezamos a hacer a la idea de que podría ser niño. Y el desenlace lo sabemos: es niño.

Pero ahí no acaba todo, ahí empieza. Estamos en el ultra y la técnica ultrasonidística pregunta si queremos saber, y nos dice: it’s a boy. No hay confusión fonética, boy y girl no se parecen en nada. Yo estoy viendo todo reflejado en un espejo porque mi cabeza queda al mismo nivel que el monitor. Milanesita me agarra la mano y mira la pantalla. La mujer nos explica la imagen: legs, scrotum, penis: BOY. Yo estaba genuinamente emocionada de ver a mi criatura tan sana, chuparse el dedo, sus corazón con sus cuatro cámaras bombeando, todos sus huesitos perfectos, y también estaba en shock, así que mitad super feliz mitad super triste lloraba. En un segundo me vi despidiéndome de mi niña, viviendo rodeada de hombres, teniendo una familia incompleta, sintiéndome una mala madre, siendo una madre descuidada y berrinchuda, viendo mi sueño hacerse cachitos frente a un escroto y un pene perfectamente saludables. También me sentía terriblemente confundida, sin saber quién es esta Yo que es mamá de un niño y no de una niña. Literalmente se me cayó el mundo, o el que me había imaginado, y me sentí aún peor por sentirme así de mal. Snif. Y pensaba en la gente que quiere hijo y no puede, y en la que tiene niños enfermos o niños que murieron, y me sentía tan ridícula superficial inmadura, argh.

Estaba llorosa y con sentimientos encontrados, pero la verdadera devastación me llegó en el coche cuando Milanesa me dijo que tal vez mi desilusión es que siempre me imaginé siendo mamá de una niña y poder verla crecer y seguir siendo su mamá cuando la niña fuera grande. Entonces sí que fue el acabóse. Mi marido es muy sabio. Muy. Pensé en mi mamá y en cuánto le hubiera gustado seguir siendo mamá de sus niñas toda la vida y vernos de grande; y en cuánto me gustaría a mí ser niña grande y tener a mi mamá vivita y coleando. Milanesa también dijo que en esa historia que yo me imaginé hay mucha carga emocional, mucha historia de tristezas y dolores, y que tal vez la Vida tiene un buen motivo para darme un niño y que ahora tengo una oportunidad de empezar desde cero e inventarlo todo nuevo. Gracias al cielo por mi marido. Luego me decía que perdón, que no me quería lastimar, que en realidad no lo había pensado antes, yo le decía que es muy listo y que tiene tanta razón y que ay qué dolor.

Y así, conforme hablo de mi niñito y me imagino con él, me siento más feliz. De hecho, me siento muy feliz. Hasta siento que si decidimos tener otro bebé y es niño está perfecto. En el trabajo tengo un niño que me derrite, de 9 años, me vuelve loca sólo de verlo, nos amamos los dos, y luego supe que nació el mismo día que nacerá mi propio niño… creo que es una señal. Mientras más me pienso como mamá de un niño, más ligera me siento, emocionalmente, claro. Siento que no hay manera de recrear mi historia con mi mamá. Luego mi hermana dijo que debe ser un premio kármico, jajaja, gracias hermana. Dice que en nuestra mente la relación madre-hija es una que dura muy poco, y que eso es muy duro. Dice que lo que sabemos de la relación madre-hijo es que es ultra mueganezca (para muestra basta un papá) y de muy larga duración.

Ahora mi tarea es dejar que mi digestión emocional haga lo suyo y dedicarme a imaginarme la vida con mi niñito. Creo que en poco tiempo acabaré sintiendo que las niñas son pegajositas y que ojalá que el segundo sea niño también. Jajaja. Me siento enamorada de mi niñito y me siento agradecida con la vida por mandarme mi chiquitín escrotado y peneado y saludable. Me siento agradecida con todos los hombres maravillosos que conozco porque me hacen llenarme de amor y esperanza e ilusión.

Reporte gastronómico-metabólico-alimenticio

Hoy empezamos la semana número 18… y creo que es el primer día en que me siento realmente bien. O sea, como si no estuviera embarazada. Es más, ya aguanto hasta tres, sí, TRES horas sin comer.

Hoy por ejemplo, desayuné dos mandarinas una manzana y un plátano y un plato de cereal con leche de chocolate. Luego como a las 12:00 me empaqué otra mandarina otra manzana y un sandwichito de queso crema en un bollito integral de pasas con nueces. A las 2:00 me comí mi chángüis de atún con cilantro mayonesa mostaza y unas zanahorias con limón y sal. Obvio, me quedé con hambre. Luego a las 5:00 me regalaron un par de chocolates. Y desde ahí hasta ahorita ando con la panza vacía. La Milanesa dice que soy una máquina de comer. Pero también salí a caminar/correr esta mañana e hice yoga y anduve TODO el día en shinga en el hospital. TODO. En mis dos patitas. Muero de hambre.

A pesar de las acusaciones del maridou, aún no recupero mi peso pre-tripulante. Me falta como 1 kilo. Mi duda existencial es: ¿las mujeres empanizadas suben de peso porque su metabolismo cambia o porque le empacan con mayor entusiasmo? Y si le empacan con mayor entusiasmo, ¿es porque les da más hambre o porque se lo proponen para subir de peso?

Al parecer heredé el gen tamalero de mi papá porque aún antes de embarazarme era de muy buen diente y hace varios añitos que no subo nada de peso. Aclaro que no es queja, bendición de los dioses y la genética, oh felicidad porque las cosas fat free saben horribles. Mi papá no es que coma mucho pero come pura masa y manteca de puerco (y carne). Su dieta consiste, literalmente, en tamales taquitos fritangas tortas pizza papitas y donas, todo ayudado con nescafé con leche fría. Si se llega a comer algo de verdura o fruta es porque la mearrastra le insiste. Es un cerdito en realidad, pero sólo de hábito porque sigue tan flaco como siempre, sobre todo de sus patitas. Está bien bonito mi papá. El caso es que no me auguro mucho éxito en esto de la subida de peso. Y además yo digo ¿para qué me quieren gorda a mí si el que viene llegando es el hijo? Llevo años domesticando mi metabolismo comiendo abundante pero MUY sanamente (soy objeto de las burlas de mis comadres que dicen que como pasto y tofu), y siempre me ando echando mis gusguerías con felicidad y tal para mantenerme sana y en mi peso ¿y ahora la meta es que YO me forre? No tiene sentido. ¡Es el hijo el que tiene que acumular grasa!

Sin embargo y pese a lo que digan los ignorantes e ignorantas, mi panza crece. La prueba de ello es mi ropa que no me queda nada, y la evidencia irrefutable es mi ombligo que antes era vertical y ahora se está haciendo acostadito. Es muy curioso, antes mi ombligo tenía expresión de sorpresa (¡oh!) y ahora como que le anda ganado la risa. Lo bueno de cuando se me haga palomita es que va a ser más fácil sacarle la mugrita.