Nosotros los traumados

Cuando la vida de uno o de una ha sido lacerada sangrientamente por la tragedia, los traumas se quedan por siempre. Enfrentar grandes pérdidas deja una huella imborrable. Las pérdidas pueden ser tan públicas como la muerte de una madre, o tan privadas y a discreción como la muerte de uno mismo o de una gran ilusión. No importa el escándalo, sino la vivencia. Claro que años de terapia pueden devolvernos a la funcionalidad el optimismo la felicidad más deliciosa el agradecimiento con la vida por todo lo que se mueve y lo que no… pero siempre se queda una huella.

Mi huella, que comparto con muchos de mis amigos y gente querida, es que cuando más feliz soy, una parte de mí teme que venga de nuevo la tragedia y acabe con todo el amor. En mi mente construyo, sin querer (daaah) escenas de mi papá o mi hermana muertos, de mi familia, de mis amigos. Es mi mayor miedo… sí, más que los perros. Cada vez que un sueño de esos me ataca en la noche recuerdo a mi mamá diciéndome que los sueños no necesariamente son premoniciones, sino que simplemente regflejan nuestros miedos más profundos (entre otras cosas), y eso me tranquiliza. Me ha tomado años domesticarme el cerebro y cada vez que tengo un nuevo amor hay que empezar desde el principio otra vez. Han sido años de práctica los que he necesitado para aplacarme cada vez que pienso que algo le puede pasar a la Milanesa, pro ejemplo. Ahora cuando mi mente actúa de acuerdo con sus traumas rápidamente sale mi otro yo a decirme que nel, que es sólo una reacción postraumática y que todo estará bien porque las probabilidades, la vida, las estrellas y el sereno, y entonces dedico menos y menos tiempo a esos pensamientos infinitamente dolorosos y más a disfrutar lo que sí tengo y a sentirme como si fuera una persona normal que tiene derecho a la gran felicidad y a vivir feliz y con amor.

Larga introducción explica por qué cuando le encontré a Marcelo una bola en la clavícula me eché a llorar con una mezcla de pánico y dolor absoluto, y otra parte de mí intentaba domesticar mis locos pensamientos, pero no era tan efectiva. Llevamos a bebé al doctor, un doctor, luego su doctora de cabecera, luego segunda opinión (pedida por su pediatra) y todos coincidieron que la tal bola es su hueso reparándose. Resulta que al nacer, no sólo su cabeza era enorme sino que sus hombritos también estaban atorados (oh sí, tengo un bebedonte) en mi pelvis y creen que se fracturó o fisuró su clavícula del lado izquierdo y la bola es un callo que desaparecerá con el tiempo. No están cocupados los médicos porque Chapu no da señales de dolor y sus movimientos son simétricos (y hermosos, claro). Pero mientras llegaban a esa conclusión yo respondí como traumada que soy. Ni modo.

Luego mi papito (quien por obra y gracia de todos los dioses tuvo vacaciones y se lanzó a conocer al nieto con todo y abuela Gungui y me hicieron asquerosamente feliz) me preguntó cómo cambiaba la perspectiva ahora que tengo crío, cómo se vé la vida, me dijo. Y yo dije oh qué linda, porque sí que es hermosa, pero sólo lo dije así para no ponerme a llorar como la loca otra vez, la verdad es que quería decirle que es horrible, que acabo de empezar mi lucha para domesticar el miedo de perder a mi bebito, que es horrible amar tanto a los vivos estúpidos vivos que parecen tan frágiles a los ojos de nosotros los traumados.

Partoaventuras 1era parte

¡¡¡¡¡¡LO LOGRAMOOOOOOOOOOOOS!!!! Hemos parido (se siente como trabajo en equipo) un hermoso Marcelo de 3960 grs, 53 centímetros y unos cachetotes colgantes espectaculares. En resumen: 12 horas de parto, extracción con aspiradora de vacío, libramos la cesárea por una contracción literalmente y ahora estamos en casa, felices con el gordo, entrando en paternilandia con el pie derecho (o sea, sin dormir, madreados, confundidos, torpes, pero muy optimistas y entusiasmados).

Como ahora mis horas están contadas, las Partoaventuras irán por entregas, a ver cuánto me toma escribirlas. Mi suegra tiene a Marcelito en brazos y yo dormí TRES horas en la noche, así queme siento que puedo conquistar el mundo, o al menos, procesar y compartir la experiencia del parto:

Pues el 26, antes de llamar al hospital para decir que a qué hora empezábamos con la inducción, PLAC que se rompe la fuente. La cosa más rara, porque no había dormido nada bien y cuando por fin me estaba quedando dormida sentí algo en mi ser, y NO, no era agua, sólo algo que me sugirió que tal vez la aventura estaba empezando. Así que salté con todo y panza de la cama y OHHHHHH por diooooos, el diluvio universal, juuuuuuuuuuush juuuuuuuuuuush aguaaaaaaaaaaaaaaaaaaa toda en el piso y ni una gota en la cama pero era cantidaaaaaaaad de aguaaaaaaa. Milanesa Milanesa, se me rompió la fuente aaaaaaaaaaaaaahhhhhhh y Milanesa medio dormido ¿QUÉ? WOW What next? Así que rápido al tel a llamarle a Ay-lín que de cualquier manera iba a venir ese día para el parto inducido. Por cierto que Ay-lín tenía eventos incancelables toooodo el fin, así que sólo nos acompañaría un rato el jueves. También por cierto que ese día justoooooooo se quedaron dormidos ella y su jombre y no fueron al gimnasio entonces estaban en casa tranquis cuando llamé. Celebramos ampliamente el evento y quedamos de vernos en el hospi.

Llamé acto seguido al hospi. MY WATER BROOOOOOOKE!!!! Expliqué que ya me tenían en la agenda como quiera. Me dijeron ya lánzate. Y yo: ¿y mi desayuno? ¿y me puedo meter a bañar, alguito? ME dejaron bañarme sólo porque todavía no tenía contracciones. Me bañé, revisamos maleta, Milanesa lavó los trastes (ante mi cara de juat disimulada, ¿porqué se pone a lavar los platos? ¿será su intento de no empanicarse?). Y salimos al hospi llenos de tooooooodas las cosas que nos dijeron que había que llevar y yo brincaba de emoción y no podía creer mi espectacular suerte bendición puntería y para entonces, con cada contracción yo me echaba en cuatro patas porque sí que empezaron a doler.

Papá-San

Últimamente me he preguntado si mi papá considera mi status religioso (llámese ateísmo, si gusta usted, aunque es más bien como un agnosticismo antieclesiástico no-personal científico-poético -SONAMOS-) como una derrota propia.

Toda mi infancia y buena parte de mi adolescencia, mi padre invirtió múltiples energías y recursos para hacer de mí, entre otras cosas, una buena católica: escuela católica, misa de niños el domingo, misa de grandes cuando mi hermana se retorcía de horror de ir a misa de niños, historias, canciones, biblias adaptadas, pláticas, explicaciones, bautizo primera comunión etc… Y seré lo que sea, pero con todo respeto al gremio, de católica nada. Creo en la iglesia católica, dah, porque de que existe AH CÓMO DE QUE NO, pero de su relación con lo divino pues mejor otro día hablamos.

Ahora que soy grande (JA) veo que mi vida está llena de todas las canciones historias imágenes y demás que mi papá me enseñó. Mi papá, por cierto, siempre ha sido bueno pa las historias, y una buena parte de mis recuerdos de infancia con él y de mi vida en general sigue marcada por el hecho de que siempre tenía algún chow preparado para nosotras: unas canciones, unos dibujos, unos cuentos, una estación en el radio, unas adivinanzas, etc. Será su creatividad natural, será que nos veíamos una vez a la semana y eso creaba alrededor de él un efecto de showman, jajaja, será todo junto… el caso es que muchos de esos momentos estaban muy relacionados con la religión, como la canción de la Santa Catarina, o la de La Creación, o muchas otras, o las historias de la biblia que nos contaba, o incluso las navidades pascuas y demás fiestas.

Creo que es buena idea decir aquí que mi papá no es un monstruo reclutador de almas… es más, ni siquiera levanta la ceja ante los no-católicos, ni es un obsesionado con su propia religión, cómo podría, si le ha llovido diversidad religiosa en su milpa entre la mujer cristiana la hija musulmana y la atea gracias a dios… bueno ya me desvié mucho, lo que quiero decir, y decirle a mi papá, es que mientras más lo pienso, más admiro su trabajo como papá. Implica admitir, modestia aparte, que mi kermit y yo no salimos tan pior, pero más que eso, para mí implica reconocer que en GRAN GRAN parte, es gracias a mi papito y a la forma en que, sabiendo o no, a propósito o por mero accidente, me educó.

La cuestión religiosa es sólo un ejemplo. Cada vez creo más que mi papá, católico entusiasta y participativo, me dio una formación religiosa tan buena, que hasta me permitió deslindarme de la iglesia y la religión católica. Y no, no hay sarcasmo. Quiero decir que el mensaje que aprendí de mi papá sobre dios, es un mensaje de amor y de felicidad y de confianza en mí misma. O sea, me enseñó que no importa en quién crea, cómo le llame o en qué rituales participe, si mi corazón me dice que está bien, debo escucharlo y seguirlo. Y así en todo, mi papá me enseñó que no importa lo que yo decida, no importa dónde cuándo cómo de qué color o en qué idioma y si para él tiene lógica o es totalmente escandaloso, mi papá está ahí para cacharme si me caigo, o al menos para echarle porras al equipo rescatista, o para festejar cuando hago algo bien, y para decirme ay mija cuando todo me sale mal. En síntesis: que mi vida es mía y yo puedo decidir sobre ella, y contar siempre con él.

Mi papá y yo hemos tenido, obviamente, nuestro pasado tormentoso. En esos momentos de caos total, nunca hubiera pensado que un día, ahora, sería tan claro que lo más importante que he aprendido de mi papá es que me ama incondicionalmente, aunque más de una vez él haya creído que mis decisiones no son las mejores, aunque se haya mordido la lengua ante nuestras diferencias, aunque no entienda a veces pies ni cabeza de qué estoy pensando, aunque nuestros dioses se llamen diferente… así como soy, mi papá me ama. Mi papá me hace sentir amada… y si eso no es dios, pues entonces no entendí nada. ¡PODER! Mi papá es, como dirían los católicos, una bendición de dios. Gracias papito.

Ah… y feliz día del padre.

Rarezas

El parto será lo que será. Pero en mi mente, es un hoyo negro, ni siquiera me lo imagino. ¿Será un bloqueo mental? Es que no tengo idea, por ejemplo, de cuánto o cómo duele. Y todo mundo me cuenta cosas diferentes, lo cual me encanta. Unas dicen que es como un gran estreñimiento, otras que es como un cólico mutante, otra que es como un dolor de huesos terrible. Me encanta que las mujeres de mi vida me cuenten sus cosas, sus historias de partos y embarazos y su maternidad las que han pasado por ahí, y las que no, me encanta escuchar sus planes e ilusiones.

Más allá de lo físico, es raro que no me imagino qué parte de mí saldrá a relucir. Y no es nomás porque yo sea géminis y tenga múltiples personalidades, es que todos las tenemos y en momentos críticos sale alguno de nuestros inquilinos a hacerse cargo. No sé si durante el parto seré tranquila, retraída, relajada hippie comeflores, cascarrabias, superhéroe, superclown, muerta de miedo, escandalosa, needy y chipil o qué. Es raro no tener idea y está bien también, porque estoy abierta a todo (y la pobre Milanesa también). Entre las cosas más raras que se avecinan están parir en inglés y parir sin mi mamá. Qué raro.

Larga plática el otro día con la ex-rumy sobre ser mamá y no tener a nuestras propias madres vivas con nosotros. Ayer pensaba que hace tanto tiempo que no tengo a la jefa que no me alcanzo a imaginar bien bien cómo sería tenerla. Aún así, siento un hueco. Me he preguntado cómo será para mi jijito crecer sin la abuela Socorro. No sabrá seguramente de lo que se perdió. Y yo tampoco, que a estas alturas todo son especulaciones porque lo último que super de mi mamá era mi relación de adolescente con ella. Más que eso, para el jijito no será una pérdida, por suerte, porque esa es parte de mi historia y yo cargo con ella y él no; y también por que lo tenemos muy bien cubierto de abuelas. El chapulín tendrá su abuela gringa y su abuela gungui y por eso es ya un bebé muy afortunado y seguramente pasarán años antes de que entienda que en mis genes tiene otra abuela que forma parte de él… no sólo de su corazón y su historia como su abuela Gungui, sino también de su ADN. (OJO: abuela Gungui=mearrastra asesina del cuento).

Uno de los grandes teóricos y prácticos del desarrollo infantil, Dr. Brazelton, hizo un estudio muy interesante. Primero grabó a unas mamás con sus bebés niñas, cómo las arrullaban, les hablaban, jugaban con ellas, y otros detalles de su conviviencia cotidiana. Muchos años después grabó a estas niñas, ahora mamás, con sus propios bebés. El resultado: las mamás nuevas hacían los mismos gestos ruidos movimientos ritmos y en general, las mismas cosas que sus mamás hacían, SIN QUE LAS MAMÁS SE LOS HUBIERAN ENSEÑADO. Bueno, así es que la abuela Socorro estará presente también con la otras dos abuelas desde el mismísimo principio en todo lo que haga cuidando a mi crío. Es como tener una madre en versión deshidratada y con el parto y la maternidad, echarle agüita y revivirla aún más. Eso está lindo y saberlo ayuda, aunque sí, como decía la ex-rumy… a la madre se la extraña como siempre, o peor. Y eso será todo, pero raro no.

Momentos embarazosos

La negra tiene razón: a estas alturas de mi vida, me puedo dar el lujo de reprobar un examen.

A continuación, breve (juro intentarlo) narración de cena con los in-laws, para compartir panorama general de mi vida de empanizada al noveno mes:

Último día de conferencia en ciudad de los suegros, pasaron tooodos por mí y nos fuimos a cenar, suegros y pequeño cuñado incluido. Lindo restaurante, pero yo casi me quedaba dormida en la silla después de tres días de evento, dormir muy mal y tener dolor en espalda panza piernas y contracciones que se me va el aire y dolor constante. Cuando llegamos, mi suegra me aparta un lugar a su lado y yo no es que no quisiera, pero tenía chipil de marido y estaba roñas con el mundo y sólo quería ladrarle a todos comer una cena bien gorda y grasosa viendo al vacío sin hablar con nadie (y menos en inglés) y luego tratar de dormir. Pero me controlé y me senté junto a la suegris que es linda y mona.

Milanesa y yo nos levantamos para ir al baño. Y a mí me toma todo un minuto levantarme porque los ligamentos de la cadera y la espalda y la pierna acalambrada y la contracción. Finalmente lo logro y el en camino, hijito brinca sobre mi vejiga y algún otro órgano interno, lo cual hace que, literalmente no pueda seguir caminando y me doble un poc del dolor y me agarre la panza pa que duela menos y me salga algún sonido como argh. Obvio la gente del restaurante se alarma y voltea, pero yo no me doy cuenta. Milanesit me dice que no puedo hacer esas cosas en medio de tanta gente porque todos creen que estoy pariendo. Y entonces yo me esponjo y le digo cuánto me importa lo que piensen, y que si se van a traumar con mi embarazo doloroso que se paguen la terapia, mi parlamento salpicado de algunos términos folklóricos netamente mexicanos, claro está.

Después del baño vuelvo a la mesa caminando como pato y aun con hijito en la vejiga. Llega nuestra comida deliciosa (en verdad deliciosa y goddita gracias al cielo porque en la confe sólo dieron ensalada de hierbitas ese día) y empezamos a hablar de cuando mi suegra venga a ayudarnos con bebé. Aclaro que mi suegra dispuesta y manifestando su intención de venir a hacernos de comer limpiar el hogar lavarnos la ropa y ayudarnos para que nosotros cuidemos a bebé… y mientras me soba la panza y le dice al bebé soy tu abuela y te amo y ya te quiero conocer. Sí es linda en verdad la suegra. El caso es que suegra pregunta: si el bebé nace cuando yo esté allá, ¿de cualquier manera le avisarán a Ay-lin? A lo que nosotros respondimos sí claro. Y luego nos cayó el 20 de que suegra está diciendo que ella quiere estar en el parto, y fue horrible tener que decir que no. Horrible porque vimos su corazoncito hacer crack, horrible porque ante su pregunta directa hacia mí de ¿no te sentirías cómoda conmigo? tuve que responder un NO honesto y sin anestesia. Y yo decía lo siento lo siento y quería ser mona también pero entre todo yo seguía de muy mal humor con el mundo por estar adolorida y cansada. Y luego silencio incómodo. Fue horrible.

Acabamos la cena con un cheesecake que es mi pastel favorito del universo (junto con el pastel de zanahoria, el pay de manzana y el pay de cereza) que no pude probar porque la agrura me atacaba y ni siquiera me había comido medio plato de pasta. Luego llegamos al hogar y tratamos de ver una peli de Indiana Jones, de las viejas, pero después de 20 min de darme vueltas en el sillón o intentar darme vueltas para ver si me acomodaba, me quedé dormida en la sala hasta que el derrumbe de la mina de quién sabe quién en la peli me despertó y me fui a acostar con mis mismos dolores y mi roña, contando las horas para que el vuelo de regreso despegara y entonces sí estar segura de que el hijo no nos naciera en ciudad in-laws.

Y ya. Odio a los pitufos.

Antes y después

El tema evolutivo sigue dándome comezón. Cuando hice mis pruebas vocacionales en la prepa mis opciones resultaban siempre: biología, comunicación, pedagogía. Y así toda mi vida profesional ha sido tratar de integrarlas porque es en realidad lo que más feliz me hace. Se solicita a los biologicistas que compartan referencias. Mi plan es que mientras me veo convertida en vaca lechera de mi crío estaré haciéndole cariños y conviviendo con él, pero también imagino que nos vamos a aburrir (los dos, jajaja) y entonces leeré y leeré el Origen de las especies y leeré todo el chisme darwiniano-mendeliano.

Pero mientras eso sucede: hoy acabamos la semana 36. Hoy tomamos Milanesa y yo el avión para ir a casa de mis suegros en cuya ciudad tomaré mañana mi examen de certificación profesional. Esperamos con todo el corazón que el jijito se espere a que regresemos para nacer. Milanesa sueña que el parto ha empezado, yo sueño que la casa está sucia y la quiero limpiar una y otra vez.

El embarazo apesta. Más ahora que quiero hacer tantas cosas, como armar los muebles para el bebé, ohhh mis rompecabezas gigantes, amo armar muebles y no puedo porque entre la contracción y la espalda al tercer tornillo ya me entumí. Me duele la panza por las contracciones con nombre de hombre, la espalda alta, las rodillas, los piesitos, las manos se me hinchan y la cadera siento que se me está rompiendo. Entonces me acuesto un rato y leugo me siento bien y quiero levantarme y hacer cosas pero en el camino ya me agoté otra vez. Tal vez es deconexión de mi interior, propia de la vida moderna, y en este tiempo en realidad tendría que estar sólo echada leyendo a Darwin y no viajando a 1000km para definir mi futuro profesional. O bien, construyendo un nidito para mi criatura con heno y flores, y no con muebles de particle board que no puedo levantar yo sola, ni haciendo viajes a la lavandería para tenerle su ropa sábanas y trapitos limpios.

En este escenario, las otras mujeres del clan estarían trayéndome comida y pasando horas en mi tienda o en mi cueva platicando y dándome bendiciones para el parto y la maternidad y probablemente sobándome las patitas y la espalda y la cadera y haciendo hechizos para facilitar el paso del hijo. Habría fiesta espontánea todos los días. Pero no. Las mujeres de mi clan están a muchísimos kilómetros de distancia, ocupadas con sus carreras sus familias y sus historias, y antes de visitarme en mi tienda tendrán que pedir vacaciones hacer reservaciones gastar en boletos de avión y cambiar toda su vida por el tiempo que dure la visita. Y yo: acabar de organizar la tienda para hacer espacio, ajsutar mi horario y actividades y también cambiar mi vida sigloveintinuera. Asís ería incluso si viviéramos en la misma ciudad, me temo. Aprecio mucho muchísimo no saben cuánto la compañía virtual y las pláticas virtuales y los correos de amor y las llamadas, me mantienen con vida, pero las cambiaría gustosa por reuniones de carne y hueso con abrazos y apapachos y olores y gestos. A veces extraño la época de las cavernas, o más bien algunos aspectos de ella.

Desconectada o no de mis necesidades y tiempos biológicos por la vida sigloveintiunera, el embarazo apesta. Entre las manifestaciones físicas y las crisis existenciales que éstas me provocan, me urge que se acabe. No me importa si la tía Chuchi tuvo 12 hijos, o si la mujer en Powdonk va por el hijo 18… yo voy por uno y es suficientemente difícil. Pero a la gente no le gusta que le rompan la burbuja de la dulce espera, se retuerce como almeja en sal, se hace orejas de pescado, y en general no lo soporta y sale corriendo para el otro lado. Parte del proceso de hacerme madre, supongo: poco a poco, por la forma en que llevo mi embarazo y él me lleva a mí, voy tejiendo unos lazos destejiendo otros y haciendo un nuevo clan.

Lo dicho, no concibo 8,000,000,000 de años, si para mí ocho meses me han convertido en otra persona a la que todavía no conozco muy bien… y eso que estamos empezando.

Silencio incómodo (o… el día de las madres)

En Mex se celebró el día de las madres el 10, sábado, y acá el domingo. Yo me hice todo lo guaje que pude, como casi cada año. El día de las madres me incomoda, me pica, me duele y me indigesta. Obvio, por huérfana de madre. Los primeros años sin madre era horrible porque la gente preguntaba qué le vas a regalar a tu mamá y entonces a mí se me hacía ojito Remi. Ahora la diferencia es que la gente no pregunta, y si pregunta ya alcanzo a responder.

De cualquier manera, con o sin madre, siempre me ha parecido raro que la gente ande celebrando y felicitando madres ajenas. Creo firmemente que uno debería celebrar a sus propias madres… y si se quiere poner muy fiestero, pues entonces a las abuelas también. Eso descartando que la mercadotecnia y que porqué un día y no todos si las jefas se soban el lomo 356 días al año y muchos etcéteras. En un intento de no ser tan cascarrabias diré que OK que haya día de las jefas, pero me sigue pareciendo raro felicitar a TOOODAS las jefas que conozco… nunca le hablo a nadie y espero que no se ofendan. Y no es que no admire su trabajo, lo admiro BIG TIME cada vez más, pero como ninguna es mi propia jefa pues qué les felicito, digo yo, si el título de madre a juercitas requiere un hijo, vivo o muerto, nacido o no, lejano o cercano, amado o cómo-fui-a-parir-eso, o sea, no es un título dado por mérito individual de NINGUNA MANERA. Si fuera un premio Nobel, o un premio el que sea, o hasta un cumpleaños… no sé cómo explicarlo, pero sí que me resulta un poco mutante.

Estará pensando, querido lector, que es porque todavía no tengo hijo y no me asumo TAN parte del clan de madres… pero no va por ahí la cosa. Es más, ahora que recibí un par de llamadas para felicitarme de día de las madres me parecía que era número equivocado… o persona equivocada. y aclaro, por si quedaban dudas, que tengo el más projundo respeto y admiración por la mayoría de las mamás que conozco… porque desde el embarazo es una shinga sin parangón, pienso en mi hermana y en mi cuñada, que las he visto hacerse jefas desde el principito y transformificarse y dejar a toda la persona que eran antes para hacerse una nueva ellas mismas y además echar a otra criatura chiquita y desconocida… y que el dios las ayude a cada una con los retos que han enfrentado y les conceda la tranquilidad de que la terapia cada vez es más popular y los hijos de una u otra forma casi siempre salen bien. Bueno, eso, que mis respetos y me quito el sombrero y alfombra roja, y quiero estar cerca y acompañar y escuchar y si quieren tallerear, pero felicitarlas por el día de las madres me parece tan extraño… más bien creo que ya le tocará a sus respectivos críos esa parte… si quieren, claro está.

Sí que tengo mucho que agradecerle a mi propia madre, desde los genes hasta las herramientas para su uso en el futuro lejano y lo hago todos los días. Y a mis abuelas, por extensión biológica. Y listo.

Por otro lado, quiero enviar un mensaje estilo Mafalda a las madres del mundo para que se solidaricen unas con otras y respeten y en lo posible disfruten sus diferencias, porque les alvierto a todos, que esto de entrar a la maternidad es, para empezar, darse cuenta de que no importa qué hagas cuánto te esfuerces cuántas maravillosas razones tengas para tomar tus decisiones de madres: la gente te juzgará, madres padres hijos parientes vecinos y perfectos desconocidos, te juzgarán. Inevitable es que todos tengamos opiniones, daaaaah, pero de ahí a levantar la ceja cuando la madre en cuestión no pregunta hay años de diferencia. Y el reto es, creo yo, aprender a mandar al mundo al cuerno y tomar nuestras propias decisiones, tan informadas, conscientes y bienintencionadas como sea posible, lo cual es rebuznancia porque todas las mamás (y los papás… dahhh) hacemos lo mejor que podemos SIEMPRE hacemos lo mejor que podemos.

Amén.

(Ay, canijo, me salió lo aguerrida…. jajajaja)

Baby-moon (oh, la jotería… oh, el amors)

Pues que el esprín breic y esto y lotro y decidimos cambiar el tradicional viaje a Mex a ver a la banda por el viaje romántico de baby-moon. La decisión se hizo menos difícil porque como ya estoy en la semana 30 pos la viajada tan lejos susto susto. Pero nos fuimos a un lindo pueblecillo en la costa, como un San Miguel de Allende pero en chiquito (imagínense). Nos quedamos en un hotel petit de 8 habitaciones, en un cuarto petit con vista al jardín y con una estufa muy antigua que hacía de chimenea. El jardín era hermoso, no era un jardín muy peinado, sino más bien free-style, jaja, con arbustos llenos de flores y un eucalipto gordo gordo en medio que parecía más bien roble, y montones de pájaros y colibríes de todos colores y vista de la playa y la montaña.

Nos dedicamos a leer, a convivir, a platicar, a tirar baba viendo el paisaje, sin prisas y sin ruido y a disfrutar del silencio. Uno de nuestros juegos recientes es quedarnos viendo la barriga (la mía, claro) y adivinar qué parte del cuerpo del bebé está provocando los diferentes abultamientos. En ese viajecito pasamos mucho tiempo sólo viendo, sólo esperando que bebé hiciera sus piruetas, y saludándolo y jugando con él. Así: yo me doy palmaditas en la panza y bebé se deja de mover, y cuando yo dejo de hacer palmaditas bebé se vuelve a mover. Es como si platicáramos. Milanesa presenció DOS episodios de hipo hijístico… ji ji, muy hermoso. O Milanesa hace toc toc en mi panza y dice hola hijito y el hijito patea. El tiempo pasando muy lentamente, como de sueño del que no se quiere despertar.

Pasamos mucho tiempo hablando de nuestras filosofías hijísticas, de lo que queremos enseñarle al hijo, de los valores que son importantes para nosotros y nuestros ideales y el amor y todas esas cosas que nos llevaron a querer tener un hijo juntos y de las que probablemente hablaremos menos cuando la prioridad sea cambiar pañal dar de comer sobarle la barriga entretenerlo pasearlo dormirlo y esas cosas de la vida cotidiana todo para el hijo y nosotros dónde quedamos y tú quién eres ah siii el papá de mi hijo cómo era que te llamabas. Hablamos hablamos bla bla bla, con mucho amor y con mucho tiempo y luego con una carretera llena de curvas mutantes pero una vista hermosa del mar color caribe junto a unos precipicios hermosos y un cielo enorme y la vida esperándonos a ver qué queremos hacer con ella y la vida regalándonos amor y silencio y un hijito pateando en mi barriga y nosotros tomándolo todo.

Gracias, Vida querida.

Abuela y yo

Hoy era cumpleaños de mi abuela. En realidad, de mis dos abuelas. Materna y paterna cumplían años el mismo día. Para mi bebé será igual: abuela paterna y abuelo materno comparten cumpleaños, qué simpático.

Bueno el caso es que generalmente hablo de mi abuela paterna porque la relación con ella no vino gratis. Sí claro que me llevaban a su casa en navidades y tal, pero nunca de niña me sentía cercana. Con la abuela materna, aunque la veía más o menos las mismas veces, sí que me sentía cercana… será una cuestión de DNA mitocontdrial o el mismísimo sereno, así era. Luego se murió mi abuela materna y me sentí tan tonta que ya viviendo en la misma ciudad no la había visitado muchas veces. No era arrepentimiento o culpa, era esta sensación de haber hecho algo tonto y por suerte tener en la mano la solución. Así que apliqué la transferencia y decidí ir a ver a mi otra abuela una vez a la semana. Abuela María Aurora. Los domingos. Como el Principito con el zorro.

Y luego se me hizo necesidad, cada domingo verla, a veces le caía a darle un beso entre semana, y también la llamaba en la semana. Oh feliz codependencia. Y luego coincidía con otros de la familia y se armaba la fiesta, pero lo más lindo era que con cada visita conocía más a mi propia abuela y por fin sentía lo rico y acolchonadito que es tener abuela (en el mejor de los sentidos, claro). Rico una abuela que cuenta historias y unas que sólo me contaba a mí y comíamos golosinas juntas y veíamos la tele o a veces tomaba siestas en su sillón, jajaja, no había que hacer nada más que ver pasar las horas sentadas en el despacho, juntas. En tan poco tiempo mi abuela era parte de mi vida y yo de la suya… no sólo poéticamente, sino de verdad, teníamos nuestras rutinas, nuestros temas comunes, nuestras pláticas que duraban más de una visita, la costumbrita rica de estar cerca. Y me sentía como si toda la vida hubiera sido así.

Cuando me despedí de ella por cambiarme de país me dijo que era la última vez que nos veíamos. Le dije que ojalá que no, que se esperara otra vez. Pero la abuela tenía años pidiendo aventón de salida y diciéndolo en voz alta. Con todo su amor y toda su bendición nos despedimos. Y dos meses después al fin logró morirse. Sus últimas palabras fueron un chiste… literalmente.

Hoy era su cumple. Unos amigos de la Mila nos invitaron a una cenita y nos tocó el postre, y sin pensarlo decidí unas fresas con crema que quedaron deliciosas y todos babeaban. Hace siglos que no comía fresas con crema. Al final de la cena me acordé que justo ése era el postre favorito de mi abuela María Aurora. Y con todo ese prólogo: ¡FELIZ CUMPLEAÑOS ABUELA!

Breves filosófico-noticiosas (o ¿cómo ingaos le pongo a este post?)

Las contracciones de Braxton-Hicks no duelen, pero existe la errónea creencia de que todo lo que no duele es agradable y viceversa. Totalmente falso. Aplica para cuestiones físicas y para cuestiones emocionales, oh sí. No duelen, pero no ta bonito el calambre en la barriga. La patita del hijo se me entierra en la costilla. Jajaja. Y aunque los estudios revelan que mi química sanguínea esta perfecta y mi peso está perfecto (7.4 kilos subidos… falta ver perfecto para qué), me siento como si tuviera 80 años aunque sin la sapiencia que confiere la edad.

He desarrollado la pésima costumbre los últimos días de leer mails sin contestarlos. Me pondré al corriente. Lo juro. Me atormenta que recibo mails hermosos y séntidos y no los contesto. Chale conmigo. Qué vida amarga. Jajaja. Bueno, pero sí me pondré al corriente.

Luz estuvo de visita y fui tan tan tan feliz de tenerla aquí. Joteamos de lo lindo y me consintió muchísimo. Es lindo que alguien te diga “no te agaches, yo te lo paso”. Por ciurto que muchos artículos y cosas de empanizadas gringas se quejan de que todo mundo les agarra la panza, se sienten invadidas… yo por el contrario tenía la ilusión de que la banda toda ella me manoseara y me hiciera cariños en mi barriga, pero es todo falso. TODO falso he sido víctima de un engaño. Con todo y barriga, ni quien me pele. Sólo Luz me agarró mi pancita. Y la Chanel también me agarra la panza, pero nomás cuando la veo. Con todo y la fantastimusical compañía de Luz, extrañé a la Milanesa. Chale, se me hace que sí lo quiero. Ya regresó de su viaje. Mañana nos vamos de baby-moon.

Ay y quiero agregar que mi tío cumplió 60 pero creo que desde hace como 30 años él sólo ha envejecido como 10… o menos. No es cebollazo, desde mi más tierna infancia me parecía que los años pasaban por el resto de la familia pero por él no. ¿Conocerá la fuente de la eterna juventud? ¿Habrá hecho algún pacto con Sir Nicholas Flamel para que se mochara con un cachito de la piedra filosofal? ¿O será que los calladitos envejecen menos? ¡Sonamos! Ahora sé porqué me siento como de 80. Me despido con una máxima del mismo tío, sirva de consejo y advertencia para todos aquellos que siguen cumpliendo años sin parar: la cana engaña, el diente miente, la arruga disimula, pero el pelo en la oreja, ni duda deja.

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