Bueno, ya sé que lo de ruca es despectivo, y yo ni idea tengo de su historia, pero tampoco soy su terapeuta para estarle resolviendo los traumas y frustraciones, así que se queda: ruca champiñón.
Es una mujer ocmo de unos sesenta y tantos, con pocos dientes, cara de piyama y un gorrito que la hace parecer champiñón. La vi dos veces sentándose a descansar en los escalones de nuesta puerta, pero justo cuando íbamos saliendo, y al vernos venir ella se levantaba y se iba. Yo digo que un escalón pa reposarlas no se le niega a nadie, y menos a su venerable edad, pero nunca ns dio tiempo de decirle nada (ah eso sí, ruca pero veloz). Otra mañana tocó el timbre y me asomé, preguntó por nosequién, le dije aquí no vive, y preguntó algo más y luego si somos dueños del edificio o si tenemos la suerte de poder pagar una renta. Después de eso le dije “lo siento no puedo ayudarla adiosito”. Y ahí sellé mi destino de los últimos meses, porque nada la detiene, cada domingo en la mañana ella toca el timbre y claro despierta al hijo o al que le toque dormir, y sale corriendo. En mi caso me levanto con el corazón en la boca porque el timbre suena horrible y cuando me asomo o salgo no hay tal ruca. Argh.
El domingo pasado que yo estba dispuesta a decirle cosas, pero Milanesa fue más rápido que yo y le dijo “How can I help you” y ella dijo que se había equivocado, Milanesa dijo “siiii, pero te has equivocada cada semana los últimos meses, ya no lo hagas” y eso mientras yo corría escaleras abajo y la ruca shuuuuum, ya no estaba.
Hoy, que me había olvidado de tan idiosincrático personaje, salí a comprar la leche del Chapu y cuando llegamos (más bien cerca de las 10) tooooooing que veo a ruca-champiñón acercándose a mi puerta, a mi timbre, con su dedito listo para molestar al prójimooooooo, y que me estaciono y que me bajo y que tiene lugar el siguiente intercambio:
Yo – oóoooooooigame señora: usté ha estado tocando mi timbre todos los domingos
RCH – hoy no lo toqué (con carita de cadillo)
Yo – pero lo iba a tocar, y lo ha estado haciendo
RCH – pero hoy no lo toqué
Yo – ya sé, tiene que dejar de tocar mi timbre, no quiero que toque mi timbre nunca más
RCH – pero pero
Yo – nunca más, por favor, y si lo hace voy a llamar a la policía, OK?
RCH – está bien, gracias
RCH – gracias a usted, adiós
Así, medio interrumpidos los turnos como corresponde a una discusión en la vía pública, y luego se fue y me subí al coche pa estacionarme bien, y estaba temblando respiración acelerada espantada y preguntándome si había gritado, si había sido grosera o sólo firme, si había otra forma de decirle, si me pasé de lanza, si fue un acto compasivo… chale conmigo, esto de poner límites no lo tengo 100% dominado, pero esta es una batalla personal ganada. Aún si doña champi viene el siguiente domingo, me siento triunfante (¿o triunfadora? bueno, las dos cosas).
La próxima vez a ver si me acuerdo de respirar profundo antes de iniciar un altercado de esos, tal vez así pienso mejor en lo que estoy diciendo y cómo lo digo. Pero claro que eso es nivel ultra master de poner límites, y yo todavía estoy como en primaria.
