Más en la baba cada día con mi hijo. Es grande y cuando veo sus videos o fotos de bebito me da shock y pienso no puede ser que cada vez es más hermoso. También me da un poco de nostalgia alejarnos de su bebesidad, pero está tan chido de tres-añero que ni me puedo detener a extrañar esos tiempos.
Así que como mamita cuervo que soy y como registro para la posteridad, va un recuento del Chapu en estos momentos:
Habla como siempre hasta por los codos. Le quedan pocas bebesidades en el lenguaje, casi todo lo dice perfecto en sintaxis y pronunciación, excepto por algunas cosillas que son una delicia:
- Todos los verbos irregulares se le complican: pusí, poní, sepaba, sabo, cabo, quepaba, diji, dijió, rompido.
- Algunas frases/palabras que se le enredan:
necesito papicidad (trad: necesito privacidad),
vicamina (trad: vitamina)
Franfrancisco (San Francisco)
Guan-panadera (Guantamera… por cierto su canción favorita)
Y las Rs las dice con cuidado y detenimiento, pero algunas las sigue diciendo como i: áibol, paique, paseai, etc.
Y me pregunta siempre cómo se dice tal cosa en inglés Y en francés (!!).
Habla inglés bastante bien, pero con un acentazo ruso aprendido en su daycare, que nos mata de ternura. Se acerca a nosotros y pregunta: Guachu dúin? (jajajajaja).
Le encanta leer (o sea, que le leamos) y cada vez quiere cuentos más largos, y recuerda a veces frases enteras, a veces palabras que no usamos en la vida cotidiana (dique, dudoso, témpano…) y las repite en otros contextos, probando diferentes usos para encontrar el correcto. Muy chistoso.
Y aplica ciertas reglas del lenguaje para inventar sus palabras:
- La curería es donde van los muñecos (o personas) cuando se enferman.
- Manejón es el volante del coche.
- Construidor es el que construye, cantador el que canta y así.
Lo que no ha cambiado es su timidez extrema. Cuando estamos entre muchos desconocidos y alguien le dirige la palabra se esconde atrás de mí, esconde la carita. En shows y cosas se pone súper incómodo, por ejemplo, el mago/payaso/hada en una fiesta. Dice que se quiere ir, ni siquiera se acerca al show, lo ve desde lejos pero finge no verlo. Y si el personaje se dirige a él, se pone a llorar con mucho sentimiento, mucho peor si lo llama por su nombre. Muy interesante. Él no corre a bailar con los otros niños, él observa bien sentado en mis piernas. Después de muchas sesiones o muchos eventos iguales se anima a levantarse y aplaudir. Así es mi crío. Insistir, alentar, sugerir (ya no digamos presionarlo o joderlo) es contraproducente.
La novedad es que desde hace una semana o así ¡se volvió intrépido! Está mucho más despegado de mí cuando vamos a parques o estamos con amigos (antes pasaba un buen rato sentado conmigo en el parque antes de ir a jugar). Habla con otros niños, juega con otros niños, siento que se divierte mucho más que antes, está menos cauteloso y más relajado en general. Se sube a juegos nuevos que antes le daban miedo, prueba nuevos saltos, nuevas maniobras. No quería ni ver a la bici como por 6 meses, y hace una semana dijo “quiero ir al parque con mi bici” y no sólo la llevamos sino que la usó y pedaleó como loco en subidas bajadas tierra cemento TODO. La disfrutó como loco. Ahora le gusta también el patín del diablo, las escaleras que se mueven, las cosas que dan vuelta ¡y los perros! y ayer casi CAAAASI se atreve a tocar el aspersor en el parque. Ji ji.
Será tímido y cauteloso como su padre, y optimista y entusiasta como la madre. Jajaja. El hedonismo nos lo heredó a los dos. A veces estamos en la calle en un paseíto o haciendo pendientes, y el día se cae de la niebla y el frío méndigo, y el Chapu brincando de felicidad me sale con “qué lindo día mamá ¿verdad?”. Me deshace. Un día se cortó en un dedito con una rasuradora que sacó de la basura (era nuestra, no hay tanto pex) y después del susto el llanto y la curada, dice “mamá qué bueno que no me corté en este dedo ni en éste ni en éste (así con todos los dedos)”. O también “qué bueno que sólo me pegué en esta rodilla verdad?”. Y así. O simplemente salta a su vista lo que está bien: “qué bonitos juguetes venden aquí, qué bueno que los vimos y los pudimos agarrar” (aunque no los compremos). “¡mira qué lindas flores hay en este campo!” y es un cacho de pasto con hierbitas en la banqueta. “¡Mamá un castillo muy grande y muy hermoso como una boda!” dice al pasar junto a un edificio alto, todo puerco, pero blanco y ornamentado. Y así, todo lo ve bonito y todo lo disfruta: una coladera en la calle, un perrito que pasa, una música que se oye a lo lejos, un camión, un parquímetro. Es un placer estar con él y re-aprender a gozar los más mínimos detalles. Siempre y cuando la prisa la impaciencia la necedad, o sea, la adultez no se apoderen de mí.
Crece crece crece. Esta semana descubrí que sabe hacer rompecabezas, jugar memoria y jugar dominó. Él inventa las reglas y las cambia pero eso es perfectamente adecuado a su edad, lo chido es que va entendiendo el sentido básico del juego. Y me gustan sus reglas porque no entiende la competencia… eso de ganar o perder ni se lo imagina. ¿O será como yo y tal vez no le importará mucho nunca? Él juega porque es divertido el proceso, por el puro placer del juego.
Desde muy chiquito le encanta la música, canta baila y hace sonidos y música con todo lo que se deje. Hemos notado Milanesa y yo que tiene buen ritmo, cuando hay una canción él toca el tambor (o lo que sea) y hace contrapuntos y dobles tiempos y cosas. Y como todos los papás decimos aaaaay mi hijo qué taleeeento es un futuro Mozart… pero conforme pasa el tiempo más y más gente nos dice que qué ritmo tiene y que qué bien toca la pandereta maracas tambor, etc. Y nosotros cual pavorreales. El último que nos lo ha dicho es el esposo de Elena de la guardería, que es músico profesional (violinista) que se puso un día a jugar con el Chapu con un teclado y unos tambores, y nos invitó a sentarnos a la sala para decirnos específicamente que el enano tiene talento musical y que no lo dejemos pasar, que cuando tenga la edad le busquemos clases serias de música. AAAAAYYYY y entonces nosotros pos más crecidos porque ahora no sólo somos nosotros los que creemos que el gordis es especialmente talentoso, sino un músico de verdad, que por supuesto debe ser la verdad absoluta. Agárrense porque tal vez mi hijo será un gran músico cuando sea grande. Y si no, tal vez encontrará en la música una gran fuente de placer y felicidad y crecimiento. Y si no pus que haga lo que quiera que yo igual estoy culeca por él (como dicen en Cuba).
Lo que sí, es que ser la madre de un futuro Bach puede ser un dolor de cabeza, especialmente a la hora de las comidas porque el ruido se encierra en la cocina y es un santo escándalo mientras él explora la calidad del sonido de sus utensilios y las músicas diferentes que pued hacer con lo que tiene a la mano. Fu! JAjajajaja.
Ahiseven.