Coleslaw

Dícese de aquella ensaladita de col y golosinas como la que venden con el pollo kentucky. A mí me gusta mucho y hoy inventé una. Porque sépanse que hay variedad, que si llevan ésto que si aquéllo, que con o sin mayonesa que con o sin picante que más o menos cremositas, etc. Pues como tenía un montón de repollo en casa me puse a leer recetas y de todas hice collage. Así cocino yo, por eso no podría ser costurera ni repostera… Milanesa dice que es el gen rascuache, pero quedó chida la coleslaw de hoy:

La mezcolanza de verduras es:
Col morada
Zanahoria rallada
Arándanos secos (pueden sustituirse por pasitas blancas)
(las cantidades son asegún las preferencias cromáticas y gustativas de cada quien, yo usé media col y como una taza de zanahoria).

El aderezo es así: (las cantidades ajústenlas también, nomás las pongo como indicación de las proporciones)
- 5 cucharadas de puré de manzana BIEN SERVIDAS
- 2 cuch vinagre de arroz
- tantito limón
- miel (suficiente para cortar la acidez y evitar calambres en las mandíbulas)
- pizca de sal
- 1/2 cuch mayonesa
- semillas de cilantro (ingrediente insustituible, le da un sabor único) (si están recién molidas mucho mejor) (Chom)

Y se revuelve todo y si se deja reposar al menos media hora mucho mejor porque la salsita se absorbe. Uy ya se me antojó otra vez. Hay que probarla con un poco de chile, creo que puede quedar muy buena. Lástima que ya no hay.

Reloj

Cuando era niña siempre perdía todas las cosas. Eso no ha cambiado mucho, sólo que ahora nadie me regaña cuando pierdo que si las plumas que si tal o cual cosa. Pierdo ropa, pierdo plumas y lápices, pierdo papelitos y calcetines y hasta uno que otro suéter o cosas así. Mi traje de baño de embarazada lo perdí. Obvio, a saber dónde está.

Por tanta perdera un día dejé de usar reloj. Porque el último no lo perdí, me lo robaron en una mochila que dejé en la cajuela de un amigo, y ya me había encariñado con el reloj así que nunca más. Para qué comprar uno, me decía, si lo voy a perder. Sólo me animé cuando ví uno en el metro chapultepec, de Astroboy, como de a 10 varos. Lo compré por chido (Astroboy me recuerda al Idro que así se peinaba) y por desechable. Duró hasta que su calidad lo mató. Ni modo. Pasaron más años y cuando nos mudamos acá compré otro reloj, lindo él, de florecitas y joterías, bara bara pero de swatch, oh cómo me gustaba. Y mocos, que lo pierdo. Creo que en el cambio de casa. No sé.

Luego de cumple-30 Milanesa dijo qué quieres de cumple y yo, entusiasmada y pensando que estaba curada… adivinen, dije UN RELOJ. Y Milanesa fuimos y vimos y elegimos: reloj contraagua con luz nocturna cronómetro alarma y contador de vueltas (básico para la nadada porque nunca sé si llevo 3 o 13 vueltas). Y ahí viene el sufrimiento: ohhhhhhhhh mi reloj. Éramos inseparables, yo y mi reloj atlético, esencial para la maternidad porque veía a qué hora le había dado de comer al chapu los primeros días… luego claro que a la siguiente comida ya se me había olvidado, pero no importaba. Básico para saber cuántas horas estaba durmiendo, cuánto tardaba en comer, si ya le iba a dar hambre, etc… más básico aún en las noches porque a veces juraría que le acabé de dar de comer hace un minuto y resulta que ya pasaron tres horas y mi reloj fosforecente me lo decía todo. Y ahora… aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh mi relooooooooooj. No lo he visto desde que regresamos de Thanksgiving. Lo puse, estoy segura en un lugar para no olvidarlo, diciendo “aquí seguro no se me pierde porque a huevo que tengo que abrir esto pronto”. Así dije. Y como que lo ví caer de ladito, al ladito derecho de algo, así como haciendo pilc, se acomodó, y me quedé tranquila… y es fecha que no sé nada de él. Y sufro… ash, qué superficialidad, habiendo tanta mierda en el mundo para sufrir por y yo invirtiendo neuronas en mi reloj. Chale. Pero pienso en mi relojito, así ladeadito, en algún lugar, esperando que lo encuentre… suspirando, adormilado, seguro que cuando oye ruiditos se despierta y pone cara de guapo para cuando lo encuentre… pero yo no tengo idea de dónde dónde está siguiendo su existencia sin mí, sin servirle a nadie. Snif. Y furia. y Snif.

¡¡¡¡MI HIJO GATEA!!!!

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH

El gen rascuache

En la familia de mi papá corre sangre fina: intelectuales, artistas, médicos, escritores, líderes de causas humanistas. Hombres y mujeres de morales bien puestas y altos ideales. Bien. Enorgullezcámonos por la vena fina. Sin embargo lo que nos hace verdaderamente interesantes es que por la misma familia también corre el gen del rascuachismo o rascua-gen. Aquella vena responsable de que la casa de mi abuela estuviera llena de alambritos reparadores y parches de todo tipo que aparecieron en el mapa con la promesa de ser temporales y se quedaron como clásicos. Ejemplos de esto son: el cordoncito con que se abría la puerta del zaguán desde el cuarto de arriba, los frascos de gerber utilizados para clasificar clavitos y tornillos, el letrerito en maskin tape de “no funciona” en el radio del coche del abuelo, el alambrito que evita que la puerta se azote.

No están ustedes pa saberlo, pero mi padre es digno heredero del rascua-gen. Su casa, para escandalización de la mearrastra, está parchada con aluminio, letreros en cartoncitos, diúrex, cerillos, alambritos de pan, cinta pato, cordoncitos, tapitas de recipientes vacíos y demás rascua-artículos para los que que sólo él podría haber ideado tan ingeniosas aplicaciones para hacer la vida más sencilla. La suya al menos, porque la mearrastra es de lo más ñoña y bien hechecita y preferiría lidiar con las incoveniencias de artículos mal diseñados que con los rascua-arreglos de mi papá (dios nos la conserve paciente y saludable muchos años). Mearrastra se infarta un poco, pero ah cómo nos divertimos echándole carrilla a mi papito. Tan divertidos que en año nuevo nos olvidamos de las uvas, las maletas, el brindis, y otras joterías que yo acostumbro. En honor a mi padre y demás ancestros, nuestro internet se llama desde este año Rascuanet.

Yo, por mi parte, no canto mal las rancheras. Mi rascua-gen se ve reflejado en mi guardarropa principalmente. Aproximadamente el 90% de mi ropa tiene que si un hoyito, que si una manchita, que si una descosidita o de plano es vieja y ñeja. Comprar ropa nueva me saca ronchas, no sé si es por coda o por el rascua-gen, pero lo mío lo mío es la ropa reciclada (y se pueden escribir mil apologías al respecto, como que es más ecológica, más poética, conduce a menos consumismo pero sin reducir el consumo, muchas cosas más, la neta es que es la vena rascuache que no puedo controlar). Eso, y en el embarazo descubrí lo rico de tener dos jeans y tres camisetas y sanseacabó párale de contar con eso me vestía diario. Oh simpleza.

El pobema es que mi rascuachez al vestirme (también conocida como vagabundez) ha llegado al extremo. Literalmente no tengo una camiseta en buenas condiciones, un pantalón con un dobladillo decente (los hago con duct tape, grapas, seguritos, cinta que se pega con plancha o si ando ultra ñoña los coso pero siempre se acaba viendo el doblez asesino), un suéter que me quede bien, una faldita que no sea demasiado larga, ni una piyama que no se parezca a la gabardina de Cantinflas. Eso por no hablar de mis zapatos, que tengo un par que uso todos los días (y no es sentido figurado) y algunos otros incómodos que uso por ratitos en ocasiones espAciales. Mi ropa interior, eso sí, está de lo más pulcra y el que no me crea que me trasculque previo pago de derechos en ventanilla 1.

El caso es que este año ya no quiero ser vagabundo y me haré mi propio what not to wear. En estos momentos en que mi Milanesa se fue a correr y se llevó al Chapu, me dedicaré a vaciar mi clóset y en esta semana a comprar un nuevo guardarropa. Quiero cosas lindas, femeninas, fashion, interesantes… así que agárrense tiendas de reciclaje, porque ahí voy (o qué ¿creían que nomás por fashion dejaré de ser rascuache?). Lo que prometo es tomarme mi tiempo y sólo comprar cosas buenas, manque me tarde mucho buscando. Los zapatos eso sí tienen que ser nuevitos, pero hasta que tenga chamba porque ahorita ni falta que me hacen.

Seguiré reportando de mis intentos por que mi propio rascuachismo contribuya a mi buen vestir. Y besos a mi papito, que tiene un sentido del humor espectacular y una autoconfianza tal que puede reírse de sí mismo.