Mi hijo es la cosa más linda del mundo, lo amo con desesperación. Me derrite de amor cuando se ríe, cuando mueve sus patitas en señal de máximo entusiasmo, cuando se empuja con los brazos, cuando me trata de comer la cara porque muere de hambre, cuando se chupa el dedo, cuando se pone cranky porque no se puede dormir, cuando llora por lo que sea, cuando a media comida deja caer toda la leche para sonreírme y decirme aaaaa. Ahora tiene un nuevo gritito y sigue practicando con la voz. Argh, me derrite. Todas las mañanas despierta con santas sonrisas y patea como loco y mueve sus bracitos. Y entonces Milanesa dice que es porque está feliz de estar vivo, y yo me derrito doblemente.
Por otro lado… estoy muerta. El cansancio ataca con fuerza y me duele mucho mi espalda de cargar al Chapu todo el día. Y no lo cargo todo el día, en parte porque no puedo más y en parte porque él mismo cada vez pide más estar libre para moverse y porque necesita estar en el suelo para aprender explorar el movimiento y tal, bueno, pero entonces me preocupa que se le haga plana la cabeza porque a muchos niños les pasa, pero no sé si es a los niños normales o sólo a los que patológicamente los estacionan bocaarriba, o si también a los hijos de las madres muy cargadoras como yo…. snif, no quiero que tenga la cabeza plana.
Ya tiene tres meses bien cumplidos, y cuando veo hacia atrás digo “aaaaaaay nanita sí estuvo perro”. Pienso en las noches sin dormir, las muchas noches sin dormir, los días de verdad días enteros con el hijito en brazos, el trip de la lactancia y el dolor y todo esto mientras me recuperaba del parto y no puedo creer que lo logramos. Lo logré. Por suerte, mucha suerte, en esos momentos no parecía tan difícil. En retrospectiva se ve mucho más perro y me alegra estar de este lado del primer trimestre de mi hijo en la Tierra. Creo que ahora todo eso está haciendo su efecto porque como ya dije, estoy muerta. Muero de cansancio, de dolor de espalda, dolor de rodillas, dolor de cuello, dolor de brazos, dolor de pies. El dolor de brazos me lo aguanto porque asumo que se me van a poner bien sabrosos, pero la espalda no creo, esa me duele y va de mal en peor. Hoy me dolía desde en la mañana. Snif.
Agotada, mueita, me doy cuenta porque de pronto me pongo muy silenciosa, dejo de hablarle al chapulín como loquita y luego me siento mal, como si lo abandonara. Snif. Y luego no lo puedo cargar todo lo que quiero. Snif. Me siento mal pasándolo de la cuna a la cama de la cama a la sillita de la sillita al cambiador, de ahí a la carreola al piso al sillón. Quiero cargarlo más pero no puedo más. Buaaaaa. Y tengo cansancio y me duele la espalda. Ah, creo que eso ya lo dije.
Y lo que sí me tiene harta que ya veo doble son los chindolos quesitos. No es normal, no parece normal lo que vomita el Chapulín. Ya parece broma, cada vez que lo cargo vomita, y si lo mantengo en brazos vomita igual. Una vez, dos veces, muchas veces. Inmediatamente después de comer y hasta una hora o dos después. Y son tantos trapos y baberos y su ropa y mi ropa. Me cansé de los quesos. Claro que no es un problema médico, el crío no sufre y sí que está engordando bien, la del problema soy yo. Estoy cansadaaaaaaaaaaa. A veces me tengo que recordar que no es su culpa, que no tiene nada que ver con él. Ay tiene hambre ya me voy a darle de comer.