Mucho que contar reflexionar compartir y tanto cansancio.
Chapulín sonríe todo el tiempo y cada vez es más eficiente con la chupada de dedo (menos intentos, más logros, más tiempo con el dedo en la boca). Ante su móvil y ante la mamá, pone los brazos duros y hace un bailecito con el torso… para morirse. Hace ruiditos, dice a-gu, dice aaaaaa, suspira y me derrite. Ya tiene dos meses enteritos.
A mí la maternidad me ha devuelto la sociabilidad: voy a mi grupo de mamás (y un papá) con bebés, hablo con la gente, el jueves pasado tuve un verdadero date… yeeeeei, una chica del grupo y yo llevamos a nuestros críos a la biblioteca a oír cuentos y Marcelo parecía saber qué hacer: hacia dónde voltear, qué cara poner, cuándo fijar la mirada… como si lo hubiera hecho muchas veces. Adorable. Luego me fui con la mamá a tomar café y a platicar. Lindo lindo.
Domingo gran día gran con Meisa y Khalid, nos fuimos a un parque a hacer picnic, volar el papalote y andar en bicicleta. Se sintió como domingo en Chapultepec, sólo que sin perros (oh bendición). Diversión, amiguitos, platica padre, risas, jojojo, estuvo espectacular.
Sábado también gran evento, me fui a hacer mi certificación en resucitación cardiopulmonar, concentrada en bebés y niños, estuvo chido. Llegué a la clase (la dan los mismos de mi seguro médico que son los mismos de mi clase de bebés y que ya siento que vivo ahí) y conocía a otras dos parejas que llevaban a sus bebés y también me puse a platicar con otras parejas de embarazados y no me importa nada y como tengo un hijo hablo con quien se me antoje. Chapu se quedó con su papá toda la mañana. Milanesa se quedó a cargo del changarro, le dejé un biberón y listo. Yo quería que me extrañaran y me necesitaran un montón, pero la verdad es que les fue retebien. Yo me sentía como si me faltara una pierna, de salir sin el hijo. Una parte me gustó y otra parte no porque se sentía como un pequeño calambre en el corazón.
Parece que los jueves me voy a juntar con otras dos mamás que me caen retebien. Así, todo el tiempo esty vomitada de Marcelo y mi ropa huele a leche, y abordo mamás en todos lados y salgo con unas… pero siempre tengo una especie de reserva, como si en el fondo no quisiera ser muy cercana muy amiga de nadie, esperando que llegue la amiga perfecta (que obvio, tiene que hablar español) que sea más o menos como mis amigas que tengo y que ahora viven en México en Italia en Londres… extraño a mis amigas como nunca (kermit included) y cada vez que convivo con alguien acabo pensando mhhh bueno, no es una mejoramiga. Snif. No importa. Tengo a la Chanel que ni tiene hijos ni habla español pero qué bien me siento con ella que hasta se me olvida que estoy hablando siempre en un idioma extranjero.
Del trabajo, ya les tuve que decir que siempre no porque los primeros tres meses necesitan a alguien de tiempo completo. Buaaaaaaaaaa. Fue horrible. Triste. Tenía mucha ilusión. Pero dejar todo el día a mi bebesito a esta edad tanto tiempo con alguien más cuando no es estrictamente necesario, pues no se puede. Ni modo. La Nutria tiene razón cuando dice que hay que aprovechar ahora al bebé porque seguro tendré que trabajar después muchos muuuuchos años. No sé si lo dijo para motivarme… pero creo que sí tenía buena intención. Jajajaja.
Salgo todos o casi todos los días, manque sea a la lavandería, caminar, hacer algo. Me obligo a salir para no volverme loca en casa, hablando como loro todo el día, en piyama hasta als 4 de la tarde, comiendo lo que pueda pescar con una mano, y oliendo a leche.
Hermano de un amigo querido y su esposa tuvieron bebé. Siguiendo una hermosa hermosa tradición que aprendí en esta ciudad, voy a llevarles comida mañana: un guisado de pollo en blanco que mi mamá hacía y que he logrado casi reproducir. La tradición es llevar comida casera y no quedarse más de 10 ó 15 minutos… ya conviviremos cuando la mamá supere el posparto y no aúlle cada vez que tiene que amamantar. Cuando el chaupo nació, colegas de la Milanesa lo hicieron con nosotros, nos trajeron crepas lasaña guisado de camarones arroz budín de pavo y tortillas… nos hicieron el paro de qué manera. Lo mejor es que no había que hacer la gran plática ni sonreír mucho tiempo. Viva la prudencia. Viva la comida casera.
Hace un mes vinieron Papá y Mearrastra. Los disfruté cantidad. Nos reímos, paseamos, convivimos, joteamos, comimos, nos reímos más, le cantamos canciones a mi papá, etc. Fue hermoso. Ahora vienen los A.V. Linos. Más lindo así, tener visita cuando el bebé ya es menos bulto y yo me siento menos bulto, se disfruta mejor. Mi suegra nos ayudó cuando nació el crío, al siguiente día de llegar a casa, pero la verdad es que yo ni quería convivir quería dormir encerrarme en mi cuarto con el bebé a agarrarle la onda al mundo y a reponerme y a organizar mi mundo interno y externo. Las visitas de mi familia han caído en los momentos más adecuados. ¿O será que es mi familia y por eso el momento es adecuado? Oh pol dios, qué estoy diciendo.
Como tres veces he soñado que el hijito se me pierde, que no sé dónde lo dejo: una vez en un hotel, anoche en un centro comercial dentro del elevador… y luego ando preguntando a la gente ¿no ha visto un bebé que dejé? Y mientras más pregunto más me doy cuenta de que el bebé no es sólo un muñeco: es mi hijo, mi irremplazable hijito, mi corazón, mis genes, que hay que cuidarlo muchísimo, que lo amo con un amor que no conocía.
Ya. Sueñoooooooo. Me gusta ser mamá. Me gusta el estatus de madre. Me gusta mi bebito. Cuando lo veo, veo la carita de la Milanesa. Es una dendición (sí, dendición) tener un hijo del hombre que tanto amo. Me gusta mi jombre, aunque lo extraño encaboronadamente porque no tenemos mucho juntos solitos de convivir. Me gusta mi familia (YEI, tengo una familia… es decir, otra).